Nuestro gozo viene de Cristo, no de nuestro desempeño

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Categoría: Sermon Jams, Video

Padre, predicaré un mensaje hoy que yo mismo he tenido problemas para vivirlo. Señor, no me permitas estar en la hipocresía de hacer que la gente crea que soy algo que no soy. Porque yo sé, Señor, que no hay tal cosa, no hay tal cosa como un gran hombre de Dios; sólo hombres débiles, patéticos, infieles de un Dios grande y misericordioso. Oh Señor, si proveyeras el poder a través de tu Espíritu Santo, para cambiar mi vida a través de este mensaje, y para hacerme más conforme a la imagen de Cristo a través de este mensaje. Señor, te lo agradecería enormemente. Ayúdanos a todos, Señor, en el nombre de Jesús, amén.

Que Dios nos ayude a todos a tener nuestro más grande gozo de Cristo, y no de nuestro propio desempeño. Estoy tan cansado de sólo hacer. Tan cansado de tener mi vida cristiana reducida a cómo me desempeño y qué hago. Jesucristo viene a mí. Su yugo es fácil y Su carga es ligera. Y Él me dice: “No es lo que haces, porque puedo levantar piedras para hacer lo que haces, y hacerlo mejor de lo que lo haces tú. Sino que es, ‘Paul, el sello que he puesto en ti, el decreto y la esperanza es que seas conformado a Mi imagen’”. Que seas conformado, ¡eso es lo que Él desea! Y te afirmo hoy que todos tus problemas, si no todos, la mayoría de los problemas en tu vida provienen de quién no eres, ¡de tu carácter! De quién eres como persona. Las disputas en nuestros matrimonios provienen de arrebatos carnales. Provienen de no reflejar a Jesucristo. El problema entre hermanos, el problema en la vida, el problema… la perturbación de nuestra propia conciencia, todo proviene de que no estamos poniendo suficiente énfasis en donde el énfasis corresponde, y es en llegar a ser como Jesús.

¡Todos quieren HACER algo, cuando deberíamos estar deseando SER algo! Ahora escúchenme, puede que esto libere a algunos de ustedes. ¿Alguna vez te levantas en la mañana y tienes tu tiempo de quietud y sientes la presencia de Dios, y estás estudiando la Palabra y parece que tú … parece que Dios te habla, y luego sales y testificas a todos y eres obediente, y, ¡vaya!, lo hiciste bien ese día. Quiero decir, sencillamente estabas en la cima del mundo; amabas a tu esposa, no pateaste al gato, tú simplemente estás caminando con Dios. Y estás tan lleno de gozo al final del día. Entonces, al día siguiente te levantas; y bueno, te quedaste dormido. No deberías haber visto ese programa la noche anterior; deberías haber estado en la Palabra. No testificaste cuando tuviste la oportunidad; y hay una sensación real de que estás lleno de pesar. ¿Sabes qué es eso? Idolatría. Te has convertido en la fuente de tu propio gozo. Tu gozo proviene de ti y de tu trabajo continuo. Mi gozo proviene de la obra terminada de Jesucristo. Ahora, ¡quiero ser obediente! ¡Quiero testificar! ¡Quiero amar a mi esposa! y hay un sentido real en que el Espíritu Santo me convence cuando no hago esas cosas.

Pero el punto es, que la pobreza de espíritu es una cosa maravillosa, porque cuando te das cuenta… Es como lo que yo solía decirles a los predicadores jóvenes. Les decía: “¡Para que prediques, tienes que tener el poder de Dios en tu vida!” Ahora les digo: “Para que ates tus zapatos tienes que tener el poder de Dios en tu vida”. ¡Tú no puedes respirar! A veces, me invitan a conferencias sobre crecimiento de iglesias -no muy a menudo- pero ellos hablan de todas estas grandes cosas que van a hacer; entonces me paro y digo: “Déjenme hacerles una pregunta”: “¿De dónde viene cada aliento?” “De Dios”. “De dónde viene cada latido de tu corazón, de dónde viene?” “De Dios”. Ah, entonces ustedes personalidades acá, ustedes pastores y predicadores y evangelistas y misioneros con todos estos grandes planes, ahora díganme algo: ¡USTEDES NI SIQUIERA PUEDEN RESPIRAR! ¡Su corazón ni latirá excepto por el poder de Dios en su vida! Aparte de cualquier medida de gracia en mi vida, estaría aquí ante ustedes hoy nada más que como una demostración carnal de egoísmo total. Eso es todo lo que yo sería siempre.

Estaba leyendo en Gálatas esta mañana y fui tan convencido. Estaba leyendo Gálatas y hablaba acerca de las disensiones y disputas, cosas así. Y me di cuenta que a veces hago eso con mi esposa. Y simplemente me mostró que… no era que: “bueno, tú sabes, tengo… tenemos un problema, o no estamos de acuerdo.” La verdad es que estoy en la carne. Estoy en la carne, y no estoy confiando en el poder de Dios; y la razón por la que no lo estoy es porque no soy pobre de espíritu. Alguien dice: “Bueno, yo soy pobre de espíritu”. ¿Cuánto oras? ¿Cuánto tiemblas? ¿Cuánto confías en la sabiduría de Dios revelada en Su Palabra? Pobreza de espíritu. ¿Pero no es maravilloso, iglesia? Escúchame, ¿No es maravilloso que no tienes que ser algo grande? En realidad, lo que tienes que ser es algo bajo, algo quebrantado y humilde. Tomar el asiento trasero. Lavar los pies. Ser tímido y temeroso de cualquier tarea puesta ante ti para que eso haga que te arrodilles. Cuando despiertes en la mañana, date cuenta de esto: “¡No me moveré ni medio centímetro a mi izquierda o a mi derecha, porque sin el poder de Dios sobre mi vida, ciertamente caeré!” Eso es lo que significa el pasaje en la oración: “No nos dejes caer en tentación.” Es un reconocimiento de debilidad, y un reconocimiento de una tremenda necesidad de gracia, de gracia. “Benditos son los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.” (Mateo 5:3) ¡Ah, qué lugar! ¡Qué lugar!