“¿Quién Me Besó?” – La Ley de Cristo en Acción

Tema:
Categoría: Corte de Sermon

La realidad de la ley de Cristo se ilustra muy bien por un relato de la vida de Evangeline Booth… Como alguien que a menudo ministraba a lo más bajo de la sociedad, una mañana se encontraba afuera de las grandes puertas de hierro de un juzgado de policía local y centro de detención. Esperando a que abrieran las puertas, oyó el arrastrar de pasos pesados y voces fuertes y agitadas. Es sus propias palabras…

Transcripción

Permítanme darles un ejemplo. Algunos de ustedes han leído esto y están enterados. Esta es Evangeline Booth, hija de William Booth, fundador del Salvation Army (El Ejército de Salvación). Evangeline Booth: “Como alguien que a menudo ministraba a lo más bajo de la sociedad, una mañana se encontraba afuera de las grandes puertas de hierro de un juzgado de policía local y centro de detención. Esperando a que abrieran las puertas, oyó el arrastrar de pasos pesados y voces fuertes y agitadas. En Sus propias palabras (y cito a ella), ella dice: ‘Las puertas se abrieron de par en par, y fui testigo de un espectáculo que, si la eternidad pudiera borrarlo de mi mente, el tiempo nunca podría. Era una mujer. Dos policías caminaban delante y dos detrás. (Al principio, el Ejército de Salvación ministraba a los más bajos de lo bajo, y estaba lleno de vida espiritual). Dos policías caminaban delante y dos detrás. Un hombre robusto le sostenía con firmeza el brazo derecho y otro el izquierdo. (Había seis hombres que escoltaban a esta mujer). Su cabello estaba despeinado y enmarañado. Su sien derecha estaba ennegrecida por moretones. Tenía coágulos de sangre seca en la sien izquierda. Sus ropas estaban desgarradas y manchadas con sangre. Ella trataba de soltar sus brazos del agarre de los policías. La propia atmósfera de la mañana estaba cargada con sus maldiciones y blasfemias. Ella sacudía la cabeza violentamente mientras los seis policías la arrastraban por el pasillo. ¿Qué podía hacer yo? Un momento más y desaparecería mi única oportunidad de ser de ayuda. ¿Podía orar por ella? No, no había tiempo. ¿Podía cantar? Sería absurdo. ¿Podía darle dinero? No podría recibirlo. ¿Podía citar un versículo de la Escritura? Ella no le prestaría atención. No me detuve a pensar si era una sugerencia de Dios o no, pero el impulso de un ardiente deseo que llenó mi corazón mientras ella pasaba me hizo dar un paso adelante y besarla en la mejilla. Si los policías se sorprendieron por mi extraordinaria acción y relajaron su agarre, no lo sé. Pero con un tirón ella liberó sus brazos y juntó sus manos mientras el viento separaba su pelo enmarañado y despeinado, y miró al cielo gris y dijo: “Dios mío,” Miró con asombro por un momento y entonces dijo: “Dios mío, ¿quién me besó? Dios mío, ¿quién me besó? Nadie me ha besado desde que mi madre murió”. Levantando su delantal andrajoso, enterró su cara en sus manos y, como un corderito, fue conducida al vehículo que la llevó a la cárcel. Más tarde fui a la cárcel con la esperanza de verla, y la alcaide estaba en la puerta. Cuando me acerqué a la alcaide, ella dijo: “Creemos que ha perdido la razón. No hace nada más que caminar de acá para allá de su celda, preguntándome cada vez que entro si sé quién la besó”. “¿Me dejaría entrar y hablar con ella?”, pregunté. “Yo soy su única y mejor amiga...” La puerta se abrió y entré sigilosamente. Su cara estaba limpia. Sus ojos eran grandes y hermosos. Y ella dijo: “Sabe usted quién me besó?” Y entonces me contó su historia. “Cuando yo era una niñita de siete años, mi madre viuda murió. Ella murió muy pobre, aunque era de clase alta. Murió en la parte de atrás de un sótano en la oscuridad. Cuando estaba muriendo me llamó, tomó mi pequeña cara en sus manos, y me besó y me dijo: “Mi pobre hijita, mi hijita desamparada. Oh Dios, ten piedad de mi hijita; y cuando ya no esté yo, protégela y cuídala”. Desde ese día nadie jamás me dio un beso en la cara hasta hace poco. Entonces volvió a preguntarme: “¿Sabe usted quién me besó?” Yo dije: “Fui yo quien la besó”. Luego le conté de Aquel cuya vida era mucho más tierna de lo que la mía jamás podría ser, y de cómo Él fue a la cruz y llevó nuestros pecados sobre Sí mismo, y fue herido por nuestras transgresiones, para que pudiera besarnos con el beso de Su perdón. En Él ella encontró luz, gozo, y consuelo, salvación, sanidad, y amor. Antes de que fuera liberada de la cárcel, la alcaide testificó no sólo de la transformación en su vida sino también de la belleza del cambio. A través de Cristo, ella fue el medio de salvación para muchos otros que habían caído tan bajo como ella, y que estaban atados con cadenas tan pesadas como aquellas con las que ella misma había estado atada”. ¿Qué es eso? ¿Qué ley dice: “Besa ahora a esta mujer”? ¿Te das cuenta cuán diferente es eso? En el Nuevo Testamento la idea no es que Dios nos haya dado una nueva lista de leyes. No hizo eso. Nos dio la vida de Cristo, y nos dio unas guías diciendo: “Miren amigos, esto es radical. Esto es cómo se va a ver”. Esto es lo que Él está haciendo en el Sermón del Monte. Y estas son cosas que Dios nos ha dado cuando necesitamos desesperadamente... ¿Cómo sabía hacer eso? Ella sabía porque amaba a la gente de esa manera, y el Espíritu Santo la instó que hiciera eso en ese momento; y de pronto ella lo hizo sin pensar. Eso es lo que necesitamos. De eso se trata. Y amados, hablo de mi mismo, somos tan propensos a hacernos ateos en la práctica y olvidarnos del Señor Jesús, leyendo versículos de la Biblia y haciendo lo cristiano, lo nuestro. Pero si estás lleno de Cristo y lleno de amor, es totalmente diferente, ¿verdad? Totalmente diferente. Y es una relación viva. Tenemos que regresar una y otra vez a esto. No se trata de tu lista de reglas. A veces viajo a otro país, y al regresar, mi esposa está a la puerta, y tiene una lista: “Besar al esposo. Abrazar al esposo”. ¿Ves lo ofensivo que es eso? Si tienes amor en tu corazón vas a hacer lo correcto. Pero muchas veces, tratamos al Señor de esa manera. “No hice esto, no hice aquello...” Él está considerando algo mucho más grande que eso. Ahora, ¿cuál de estas crees que convencerá más de pecado: la Ley de Moisés o la ley de Cristo? Aquí está un ejemplo - lo que acabo de leer. Eso trae convicción. Recuerdo cuando era un estudiante de la universidad, vivía con una familia llena del Espíritu de Dios. Y siempre había mucha gente que venía a comer, y la cocina fue una colmena de actividad - las mujeres preparando comida y todo. Y uno de los niños entró, en medio de todo eso, y se sirvió un vaso de leche desde el refrigerador. Como si él fuera una perturbación innecesaria. Y entonces abre la puerta, y el vaso de leche se rompe por todo el piso, justo mientras están preparando esta gran comida. Y su madre se volteó así, y ella dijo: “Oh Esteban, te amo”. Tomó el rostro de él en sus manos. Eso hizo más para convencer a un universitario egocéntrico. Anoche hablamos sobre los universitarios. Entran por la puerta y dicen: “Dame de comer, aquí estoy. ¿Qué puedes hacer para servirme?” Pero ser testigo de lo que vi, ya saben, va mucho más allá de “No harás esto”. Trae convicción. Watchman Nee relata una historia, había un cristiano en China donde tenían campos que tenían que irrigar - arrozales - los irrigaban usando un aparato parecido a una bicicleta que tenía un molino de agua conectado. Y este hombre pedaleaba y pedaleaba, llenando su arrozal con agua. Y el vecino llegó en la noche y abrió la reja, y dejó salir el agua, y el agua llegó al arrozal del vecino. Entonces el cristiano llegó al día siguiente, y vio lo que pasó; cerró la reja, no dijo nada, y irrigó de nuevo su arrozal. La noche siguiente, sucedió lo mismo. Y era hora de la reunión de oración, y entrando dijo: “No he hecho nada en contra de mi vecino, no le he dicho nada que le haya dañado ni nada. Pero de alguna manera siento que esto no está conforme a Cristo”. Y oraron sobre ello. Al día siguiente él abrió la reja y irrigó el arrozal de su vecino primero, y luego cerró la reja y irrigó su propio arrozal. El vecino se acercó a él, y con el tiempo llegó a ser cristiano. Él dijo: “¿Qué, qué, qué es eso?” ¡Es la ley de Cristo! Cuando Jesús dijo: “Cualquiera que te obligue a ir una milla, ve con él dos”. Los romanos tenían el derecho de obligarte a llevar su carga por una milla. Así que, te gritan y te llaman. Tú piensas, “Bien, estoy haciendo bien. No me quejo, no estoy enojado, no maldije al tipo, no tengo malos pensamientos sobre él”. Nada de eso es suficiente, ¿verdad que no? Entonces Jesús dijo: Ve con él dos millas. Es durante la segunda milla que el tipo se pregunta: “¿Por qué es diferente esta persona?” Él empieza a hablar contigo y tienes la oportunidad de compartir el evangelio con él. Todo suena muy bonito, —¿verdad que sí, hermanos?— hasta que estés llevando esa carga la primera media milla. Es mucho más fácil predicarlo que hacerlo, porque en realidad es sudoroso y pesado, y te duele la espalda. Es lo mismo con nuestros esposos. Es igual con nuestros hijos. Es lo mismo en el cuerpo de Cristo. No hay nada más costoso que eso. Cuesta mucho. Pero ahí está. De eso se trata. Otra pregunta surge: ¿Cómo sabemos lo que es el amor verdadero? Dos universitarios viviendo en pecado, ellos dicen: “Bueno, nos amamos”. Jack Kevorkian, él ama a su gente tanto que les ayuda a suicidarse. Para apoyar al aborto, dicen que es por amor. Entonces parece que Jesús nos ha dejado un estándar muy flexible y suave, ¿verdad? Pero, ¿qué dijo Él? No dijo: “Ámense unos a otros”. Él dijo: “Ámense unos a otros, como Yo los he amado”. En otras palabras, toda Su enseñanza, Su santidad, Su perfección, Su vida, todo acerca de Él, Su manera de vivir, todo, ese es el estándar. Y eso resuelve el problema. La conducta y la vida y la persona del mismo Señor Jesús es la regla y deber del cristiano. Tenemos el llamado de ser santos como Él fue santo.