¿Quién dices tú que es Jesús?

Tema:
Categoría: Sermones Completos
Biblia: Mateo 16:13-28

Jesús es una persona histórica que hizo declaraciones profundas sobre sí mismo. Todos debemos contestar esta pregunta: ¿quién dices tú que es Jesús?

Transcripción

Vamos a abrir nuestras Biblias nuevamente en Mateo 16. Y vamos a leer un poco desde el versículo 13 hacia abajo: Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a Sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o uno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Mateo 16:13-16). Oremos: Padre, venimos ante ti, en el nombre de tu Hijo. Reconocemos que Él es nuestra justicia, y que fuera de Él no tenemos parte contigo. Y oro, Padre, que en este día la gloria sea para ti y para tu Hijo, a través de las cosas que se digan, de las cosas que se crean y de las obras que se realicen. Señor, ayúdanos en este día de tal forma que reconozcamos tu ayuda. En el nombre de Jesús. Amén. Quiero que miren el versículo 13: Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos… (Mateo 16:13) Esto es importante. No es solamente una actividad en aoristo. No es solamente algo que hizo una vez, una especie de respuesta, y que luego dejó ir. Pero la idea es que volvía y volvía a preguntarles a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que soy? Ahora, esto es sumamente importante. ¿Por qué? Porque todo, quieras creerme o no, te aseguro, de acuerdo con las Escrituras, todo en tu vida y todo en la eternidad está determinado por cómo respondes esta pregunta: ¿Quién dices tú que es él? Ahora bien, eso es justamente el escándalo de la cristiandad. Es lo que ha apartado a los cristianos de todo lo demás. Tienes que responder esa pregunta. ¿Quién es él? Hay algo que debes entender sobre la Escritura que es sumamente importante. Algo que debes entender sobre la realidad. Sobre la verdad misma. ¿Y por qué lo digo de esa manera? Porque hoy en día en nuestra cultura, la realidad es lo que quieras que sea. Pero eso no es cierto. La realidad o la verdad se definen como aquello que es, sin duda alguna. Por lo tanto, la pregunta no es “¿quién es Jesús para ti?” Esa no es la pregunta. O “¿quién quieres que sea Jesús?” O “¿quién haces que sea, según lo que te conviene?” Esa no es la pregunta. La pregunta es: “¿Quién es Jesús?” Volvamos varios años atrás. Varias décadas atrás, cuando estaba en la universidad y no era cristiano. No era nada. Agnóstico, nada. Enojadizo, nada. Indiferente, insensible sobre la religión en absoluto, y se me aproximó un estudiante que quería hablarme acerca de la Biblia. Acerca de la cristiandad. Y mi primera respuesta fue esta: “Sé de la cristiandad, y sé de la iglesia. Tengo familiares católicos, familiares bautistas, familiares de esto y de aquello, y toda clase de cosas, y te aseguro que no quiero saber nada sobre la iglesia”. Y luego dijo algo que me golpeó sumamente fuerte. Me lo dijo como nadie antes me lo había dicho, y jamás lo olvidaré. Me miró con dureza en el rostro, y dijo: “No estoy hablando de la iglesia. No estoy hablando de denominaciones. No pedí tu opinión sobre esas cosas. No puedes zafarte culpando a las personas que dicen ser hijos de Dios. Tengo una pregunta para ti. ¿Quién fue el hombre, Jesús de Nazaret? ¿Quién fue él?” Con esa dureza, como que incliné un poco la cabeza y dije, bueno, murmuré algo como: “Bueno, ya sabes, es un buen hombre, una buena persona, un buen... sí, es un buen tipo”. No fue sino unas semanas después que me topé con un viejo autor y académico inglés llamado C.S. Lewis, quien también dijo algo que me golpeó sumamente fuerte. Y fue esto: él lo llamó el trilema, o así lo llamaban otros. Y es esto. Cuando hablamos de lógica, no hablo del relativismo llamativo y todo lo de nuestra época moderna que dice que no puedes conocer la verdad o que todos están en lo correcto. Y para ser honesto, amigos, no todos están en lo correcto. Estas son las opciones lógicas. La opción lógica es que alguien está en lo correcto y todo el resto no, o que todos están equivocados. Pero no pueden todos estar en lo correcto, porque todos dicen cosas completamente distintas y contrarias, y hacen declaraciones de verdad contrarias. Así que eso es algo de lo que nos tenemos que dar cuenta. No puedes solamente decir: “bueno, Jesús está bien para ti”. No lo está. O está en lo correcto, o está equivocado. Y no hay forma de que puedas darle vueltas al asunto. Y eso es lo que C.S. Lewis proponía, y eso es lo que me confrontó ese día en esas páginas cuando escuché esto: estas son las opciones con respecto al hombre Jesús de Nazaret. Uno: es un mentiroso. Esa es una opción lógica. Es un mentiroso. Porque dijo que era el Hijo de Dios e intencionalmente engañó a las personas para que creyeran que era el Hijo de Dios, o para ponerlo de forma más exacta, Dios Hijo, Dios manifestado en carne, Dios que se hizo hombre. Si dijo eso y no lo creía, y estaba ideando una especie de trampa o engaño, era un mentiroso. Y no hay otra alternativa. La otra opción es esta: es un lunático. Porque cualquier persona que sinceramente crea que es Dios manifestado en carne, y no lo es, es un lunático. Si vas al parque hoy entre esta reunión y la boda y decides dar una vuelta por Bisset Park y ver el río, y ves a un hombre parado en una banca gritando: “Soy el camino, la verdad y la vida”, ¿qué vas a pensar de él? O, “soy Dios manifestado en carne”, o, “soy el creador del universo y el mediador de todo entre Dios y la creación”. ¿Qué vas a pensar de él? Lunático. Como dijo C.S. Lewis, al nivel de alguien que tenía el cerebro como un huevo frito. Es un lunático. Y hay otra opción más. Y es la más escandalosa y alarmante de todas las opciones. Fue, y es, y seguirá siendo exactamente quien dijo que era: el Hijo del Dios viviente. ¿Lo ves? Entonces, ¿qué estoy diciendo que hagas? Bueno, no te digo qué hacer, solamente te doy tres opciones. Sal de este edificio hoy y llámalo un mentiroso descarado. Sal de este edificio hoy y llámalo un lunático, y, por favor, ten compasión del resto de los lunáticos que lo seguimos. O tercero, arrodíllate ante Jesucristo como el Señor y Salvador del mundo. Esas son tus tres opciones. Sé que probablemente podrías sentarte conmigo en una discusión uno a uno y decirme: “No, tengo toda clase de otras opciones,” y tendría que decirte que no me gustaría jugarte una mala pasada o intentar ser pedante, pero tendría que preguntarte dónde fue que estudiaste lógica. Porque no hay otra lógica. No te digo que tienes que creer en Jesús. No te digo que tienes que hacer esto o aquello, sino que solamente tienes tres opciones. Mentiroso, lunático o Señor. Veámoslo. Mentiroso. Bueno, cuando se atrapa a los mentirosos en su engaño, generalmente se rinden, ¿no? Porque si estás mintiendo, tienes un propósito malvado detrás de esa mentira, ¿verdad? Probablemente dinero, fama o poder. Así que, cuando el engaño se viene abajo y en vez de obtener todas esas cosas te van a crucificar en una cruz romana, probablemente dirías: “¡Deténganse! Me retracto de todo. No soy el Hijo de Dios”. Bueno, hablemos de lunático. Algunos de los más grandes eruditos que han pisado el planeta dicen que no hay nada en toda la literatura como lo que tenemos en los primeros tres simples capítulos del Sermón del monte en Mateo 5, 6 y 7. Algunos dicen que incluso los primeros versículos del capítulo 5 fueron escritos de tal forma que no tenemos nada con qué compararlos. Las declaraciones que Él hizo confundieron a los eruditos de Su época y hasta el día de hoy no se pueden contradecir. ¿Lunático? Creo que no. Sino Señor. Señor. Señor. Y aquí hay algo más que es muy importante sobre nuestro texto. Mira en el versículo 13: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre…? Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o uno de los profetas (Mateo 16:13). Estas no parecen ser malas suposiciones en sí mismas. Pero son suposiciones espantosamente malas. Porque en efecto hay algo más peligroso que decir absolutamente que Jesucristo es un lunático o un mentiroso. Es hacerlo alguien ordinario. Hacerlo como todos los demás. Es ahí, en eso, que está el peligro. Es como este profeta, o como ese profeta, de los que podemos acumular todo un escritorio o un librero lleno de profetas. Y solamente dejarlo ahí con el resto. No, no puedes. Él no nos da esa opción. Él es el único que dijo: “No soy solamente un profeta, soy Dios hecho hombre. Soy el Hijo eterno de Dios, quien se vistió a sí mismo en carne”. Y ahora mora, o para decirlo mejor, hace tabernáculo entre los hombres. ¿Lo ves? La mayoría de ustedes, sean agnósticos, ateos, cristianos, o solamente empáticos, o lo que sean, tendría que admitir que los medios están, en general, en contra de la cristiandad. No se están diciendo muchas cosas positivas acerca de la cristiandad. Y si me invitaran a un programa de conversación, no sería para promocionar uno de mis libros recientes, sino que sería para hacerme pedazos. Ahora bien, quiero que piensen en esto. Podría cambiar todo eso. Podría cambiarlo todo en menos de un día. Y podría hacer que todo el pueblo admirara a la cristiandad. Y solamente debo cambiar un artículo. Así es. En vez de llamar a Jesús el Salvador, con un artículo definido, lo único que tengo que hacer es cambiar "el" a "un". Es un salvador. Si hiciera eso, la cristiandad sería total y completamente aceptada por los medios, por los eruditos, e incluso por los impíos. ¿Por qué? Porque el escándalo de la cristiandad no es que Jesús es un salvador o que Jesús es un señor o que Jesús es un profeta. El escándalo de la cristiandad es que es el Señor, el Salvador y el Profeta. Y que cualquiera que lo contradiga está equivocado. Ese es el escándalo de la cristiandad. Y aquellos entre ustedes que puede que sean cristianos necesitan entender algo. Si niegas ese escándalo, si intentas eludir esto para hacer que tu fe sea más compatible y más amistosa, de modo que agrades más a las personas, habrás negado a Jesucristo. No es un salvador. Es el Salvador. No dijo: "Soy un camino, y una verdad, y una vida". Dijo: "Soy el camino, la verdad y la vida". Y tienes que entender eso. No queremos ser odiosos. No queremos ser irascibles, pero escuchen: veo la erosión de la cristiandad a nuestro alrededor y que seguimos cediendo para ser aceptables. ¿Ante qué? Ante un mundo caído. A veces, cuando estoy testificando, especialmente en las universidades, digo “Heme aquí. Que Dios me ayude”, porque debo decirles a todos ustedes que son estudiantes esto: Sí creo que Jesucristo es el camino, la verdad y la vida. Y que no hay forma de reconciliarse con Dios, excepto a través de Él. Eso es lo que creo. Y debo proclamárselo a ustedes. Y es igual aquí hoy. Es algo que debo decirles. O estaría yendo contra la conciencia. Estaría mintiendo. Y estaría dándoles una opción que los haría felices, pero que condenaría sus almas. Jesucristo es el Hijo de Dios y el Salvador del mundo. No es solamente un profeta. No es igual al resto. Es Su singularidad lo que produce Su exclusividad, lo cual produce el escándalo y el odio del mundo. Ahora bien, estaba buscando algo esta mañana en mi oficina, y saqué algunas cosas de un libro de evangelismo en el que he estado trabajando. Y quiero darles tan solo unas ideas de lo que estoy hablando. Quiero citar a un teólogo muy prominente, al cual respeto mucho. Loraine Boettner, y esto es lo que dijo, y probablemente nunca habías pensado en esto. Pero él se refiere a Jesús como la única persona esperada en toda la historia. Y es cierto. Es comprobable. En toda la historia del mundo, Jesús emerge como la única persona esperada. Nadie buscaba que una persona como Julio César, o Napoleón, o Washington, o Lincoln apareciera en el momento y lugar en que aparecieron. De ninguna otra persona se ha predicho su curso o se ha expuesto su obra siglos antes de haber nacido. Pero la venida del Mesías había sido predicha hace siglos. De hecho, la primera promesa de su venida fue dada a Adán y Eva poco después de su caída ante el pecado. Con el paso del tiempo, varios detalles acerca de su persona y de su obra fueron revelados a través de profetas. Y en el momento en que nació Jesús, hubo una expectativa general en todo el mundo judío de que el Mesías aparecería pronto. Incluso la forma de su nacimiento y el pueblo en el que iba a ocurrir ya habían sido indicados. Puedes remontarte, y yo lo he hecho, a cualquier religión en el mundo, a cualquier supuesto fundador, profeta, o a lo que sea que quieras llegar, y descubrirás que simplemente no es el caso. No hay documentos antiguos, no hay múltiples profecías que indiquen quién iba a ser, de dónde vendría, cuál sería su linaje, qué haría o sobre qué enseñaría. Pero todas estas cosas se encuentran en la persona de Cristo. Déjenme leerles algo del historiador Philip Schaff, a quien siempre he apreciado. Esta es una declaración sorprendente. Amo esta declaración. Sobre Jesús, él dice: Una persona tan original, tan completa, tan uniformemente consistente, tan perfecta, tan humana y, a la vez, tan por sobre toda la grandeza humana, no puede ser ni un fraude ni una ficción. El poeta, como bien se ha dicho, sería en este caso, mayor que el héroe. Se necesitaría más que un Jesús para inventar a Jesús. Así de grande es él. Déjenme compartirles algo antes de que continuemos. Quiero disponer algo antes ustedes, y generalmente no hago esto, pero quiero de alguna manera revisar algunas profecías para indicarles este punto tan importante. Y generalmente hacemos esto en evangelismo judío. Lo he hecho en Israel, y es esto: Si Jesús de Nazaret no es el Mesías, entonces cada promesa de la Biblia con respecto al Mesías ha fallado, porque ya no pueden cumplirse. Déjenme leerles algunas cosas que he reunido con los años. Primero que todo, escuchen esto: Según Génesis 49:10: “El cetro no se apartará de Judá, ni la vara de gobernante de entre sus pies, hasta que venga Siloh”, una antigua referencia al Mesías, “hasta que [él] venga”. Ahora bien, ¿qué está diciendo? “El cetro no se apartará de Judá”. No lo hará. Judá reinará hasta que venga el Mesías. Pero hay una promesa. Esta promesa, de que un descendiente de Judá reinaría hasta la venida del Mesías. En el año 70 d.C., la ciudad de Jerusalén fue destruida, la autoridad y el dominio político de los judíos fue quitado, y la nación se dispersó. Durante casi dos mil años, no ha habido un gobernante de la tribu de Judá. Si Jesús no es el Cristo, entonces la promesa de Dios en Génesis 49:10 ha fallado, porque el tiempo ya pasó y ya no se puede cumplir. Es una imposibilidad absoluta. Ahora, según Daniel capítulo 9, versículos 24 al 27, la ciudad de Jerusalén debía ser reconstruida en 7 semanas de años, eso es 49 años, después del fin del cautiverio. Y el Mesías aparecería 62 semanas de años, eso es 434 años, después de la reconstrucción de Jerusalén. Esta profecía coincide perfectamente con la vida de Jesús. Si Jesús no es el Cristo, entonces la promesa de Dios en Daniel ha fallado, ya que el tiempo pasó, se acabaron los días, y ya no hay ninguna oportunidad de que vuelva a pasar. Tanto Malaquías capítulo 3 como Hageo capítulo 2 enseñan que el Mesías debía venir mientras el segundo templo seguía en pie. El segundo templo fue destruido en el 70 d.C. Así que, si Jesús no es el Cristo, el Mesías no vendrá jamás. El Mesías debía ser un hijo o descendiente de David. Y debía venir en un tiempo en que la casa de David se encontraba debilitada y sin valor, como un árbol que había sido cortado hasta la raíz. En Isaías 11:1, las Escrituras declaran: “Y brotará un retoño del tronco de Isaí, y un vástago de sus raíces dará fruto”. Jesús apareció como el Mesías en un momento así. Si él no es el Mesías, entonces las Escrituras no pueden cumplirse, pues incluso la raíz de Isaí ha sido arrancada con la destrucción del templo en el 70 d.C. En ese tiempo en que el templo fue destruido en el 70 d.C., todas las evidencias genealógicas fueron destruidas, y ahora sería imposible probar el linaje del Mesías. Según Daniel 9:27, el Mesías confirmaría el nuevo pacto y haría cesar el sistema sacrificial bajo el antiguo pacto. El sistema sacrificial terminó con la destrucción de Jerusalén en el 70 d.C. Si Jesús no es el Cristo, entonces el sistema sacrificial terminó sin la venida del Mesías. Y finalmente, según el profeta Isaías, la venida del Mesías estaría marcada por una cosecha de las naciones, o los gentiles. Por casi dos mil años, una innumerable multitud de gentiles de toda nación en la tierra se ha identificado con el Dios de Israel, a través del así llamado Mesías, tal y como lo predijeron las Escrituras. Jesús es el Mesías. Y el Mesías no fue sol un hombre. Incluso los antiguos escribas judíos lo tenían por más que un hombre, para que cuando viniera, el Hijo de David fuera mayor que David y fuera Señor de David. Para que fuera divino. Para que fuera Dios hecho hombre, y eso es exactamente lo que ocurrió. Ahora bien, ¿qué dicen las personas sobre Jesús? Eso no importa realmente. ¿Qué dices tú acerca de Jesús? Tú personalmente. ¿Qué dices tú acerca de Jesús? Y si no eres cristiano, espero que estas palabras te persigan, y te persigan, y te persigan hasta que respondas. Pero te advierto, Jesús en sus propias enseñanzas dice que cuando escuchas algo así, hay un personaje en la Biblia que resulta ser real y personal: se llama Satanás. Y que cuando alguien escucha algo así y no le presta atención, sino que busca rechazarlo, que el mismo Satanás viene y se los arrebata de su corazón, para que no vuelvan a pensar en ello. Es por eso que Jesús dijo que hay que ser cuidadoso con las cosas que escuchas. Porque “…a todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él”. ¿Quién dices tú que es este Jesús? Ahora, aquí hay algo que quiero que vean, que es muy importante. Miren en el versículo 16: Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos (Mateo 16:16). Ahora bien, he estado parado aquí los últimos veinte minutos y les he hablado sobre el Mesías, sobre Jesús, y les he dado algunas evidencias, y aunque eso es provechoso, lo que tienes que entender es que para creer realmente en Jesucristo como Señor y Salvador de manera salvífica, es una obra de Dios el Padre. Eso es lo que le dice aquí a Pedro, el apóstol: “Pedro, esto no se te ocurrió a ti, no fuiste simplemente convencido; esto es algo sobrenatural. Dios abrió tu corazón y te reveló esto, Pedro”. Ahora, esto es lo que quiero preguntarte. ¿Cómo puedes saber? Si ahora estás de acuerdo conmigo en todo lo que he dicho, ¿cómo puedes saber? ¿Cómo puedes saber que eso te afecta de alguna manera? Si saliera a las calles y diera una entrevista, encontraría a todo tipo de personas que dicen: “Sí, sí. Creo que es el Hijo de Dios. Creo que es el Hijo de Dios. Sí”. Pero luego, si mirara sus vidas, ¿vería alguna evidencia en absoluto de que realmente creen estas cosas? Quiero que pienses en esto. Hay personas en nuestro mundo que reconocerían que Jesucristo es el Hijo de Dios y el Mesías, y aun así, cuando mueran, estarán frente a Dios, serán juzgados, y no entrarán al cielo, sino que serán condenados a la separación de Dios por la eternidad, incluso aunque con su boca hayan dicho “Creo que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador del mundo”. Porque en realidad no lo hicieron. Solamente fue algo que se les enseñó. Lo aprendieron de sus madres o padres, o de sus abuelas, o intelectualmente se convencieron, pero nunca creyeron realmente. Nunca llegaron al punto en que meditaron sobre esto, pensaron en esto, se aferraron a ello y lucharon hasta que llegaron a la conclusión de que es verdad, y debido a eso, sus vidas nunca fueron impactadas y su religión fue siempre externa. Siempre fue algo como “bueno, voy a misa”, o “voy a la cena del Señor”, como lo haremos la semana siguiente, o “hago tal cosa", o “voy a la iglesia", o “canto en el coro", o “hago esto otro", pero cuando miras sus vidas, no hay un amor genuino por Cristo, y sus vidas no han sido transformadas por él. Él no es el centro de sus vidas. Ellos no piensan en él. Es parte de una religión que han adoptado o heredado. Pero no hay una transformación. No hay una vida de acuerdo con la más grande verdad que se ha dado. Una vez, estaba en la escuela y me encontraba en la cafetería después de clases metido en mis propios asuntos, y dos personas se acercaron y comenzaron a discutir conmigo. Fue una especie de discusión agresiva con respecto a las cosas de Cristo, y mientras hablaba con el muchacho, finalmente la chica, que creo que estaba intentando ganar puntos en la discusión, dijo: “Bueno, yo sí creo en Dios, al contrario de mi hermano”. Y dije: “¿Cómo es tu hermano?” Me dijo: "Es ateo”. “¿En serio? ¿Y cómo vive?” “¡De forma espantosa!” Le dije: “Bueno, para ser honesto, le tengo mucho más respeto a tu hermano que a ti”. Y ella dijo: “¿Cómo puedes decir eso?”. Le dije: “Racionalmente, tengo que decirlo. Tu hermano dice que no hay Dios, y vive como un hombre que cree que no hay Dios. Tú me dices que hay un Dios, pero no buscas conocer Su voluntad, no buscas saber Sus mandamientos, no buscas ordenar tu vida como Él quiere”. ¿Ves la inconsistencia? Ambos están equivocados, pero al menos uno es más lógico. Está siendo consistente con la falsedad en la que cree. La pregunta es esta: ¿somos tú y yo consistentes? ¿Creemos realmente? Y entonces quiero terminar con esto. Tenemos que ser muy, muy cuidadosos con esto. Porque si fuera a terminar este sermón ahora mismo, podrías pensar que la cristiandad es simplemente una religión moralista y ética. Del tipo “Bueno, reconozco que Jesús es el Hijo de Dios y el Mesías, y por lo tanto, voy a conseguir una Biblia y voy a leer Sus mandamientos y voy a buscar seguirlo a Él”. Recuerda lo que te dije antes, que Jesús es un profeta, pero no solamente un profeta, sino que es el Profeta, y que no es solamente el Profeta, sino más que un profeta. ¿Y qué estoy tratando de decir? La cristiandad no se trata de comprar un libro de reglas y luego intentar seguir las reglas. Eso no es la cristiandad. Eso es legalismo, y es algo muerto. Es arrogancia, y está mal. Y demuestra que estás ciego ante todo lo que concierne a Dios y a ti mismo. Veamos... Jesús dice lo siguiente. Si van conmigo al capítulo 16, después de que Pedro hace esta declaración de que Jesús es el Hijo de Dios y el Mesías. Lo que estaba diciendo era cierto, pero el mismo Pedro no lo entendió. Dijo: “Sí, eres el Mesías, eres el Hijo de Dios”. Tú crees eso, haces bien, ¿pero qué quiere decir? ¿Es tu propio tipo de Jesús? ¿Jesús definido según tú? ¿O es el Jesús definido por él mismo? Y mira lo que dice. Versículo 21 (Mateo 16): Desde entonces Jesucristo comenzó a declarar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día. Así que estamos hablando de más que un profeta. Estamos hablando de un Redentor. Porque déjame compartir algo contigo. Si hoy mismo crees que Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios, y este mismo día vas y te compras una Biblia, y, si pudieras, desde hoy mismo obedecieras todos los mandamientos por dentro y por fuera, y cada disposición tuya fuera perfecta, cada palabra, cada actitud, cada pensamiento estuviera libre de pecado, desde hoy mismo hasta el juicio, seguirías estando condenado ante Dios. ¿Por qué? Bueno, si voy manejando y me detiene un policía, y me dice: “Iba a 70 en una zona de 55 MPH”. Yo digo: “Bueno, pero no me pase una multa”. “¿Por qué?” “Porque de ahora en adelante, no lo volveré a hacer”. Verás que ya eres culpable. Ya eres culpable. Había dos hombres con problemas en el vehículo en la berma en el camino, por eso llegué tarde hoy. Me detuve para ver si podía ayudarlos, y pudimos compartir a Cristo con ellos. Eran dos personajes con un aspecto bastante duro, y los miré y les dije: “¿Quieren saber algo? Soy un criminal. Y si muriera ahora, incluso aunque sea un pastor, sea un predicador, ayude a los huérfanos y todo lo demás, si muriera ahora mismo, basándonos en eso, iría al infierno. ¿Me entienden?” Dije: “Mi única esperanza es la única esperanza que ustedes dos tienen, y es que Jesucristo murió por pecadores. Mi esperanza no es mi capacidad de seguirlo, mi esperanza no es mi asistencia a la iglesia, mi esperanza no es nada de eso. Mi esperanza es que Jesucristo murió por pecadores”. Y eso era lo que Pedro y ellos tenían que entender. Pensaron, bueno, es el Mesías, el Rey, va a reinar ahora, y todos lo vamos a seguir. El problema es, Pedro, que eres un enemigo de Dios. El problema es, Juan y Pablo, y todos los demás apóstoles, y todas las demás personas, incluidas aquellas en este lugar, que hemos quebrantado cada ley que Dios ha escrito, y eres un enemigo de Dios. Dirás, bueno, en realidad no soy tan malo. Si pudiera tomar tu corazón en este momento y ponerlo en un DVD, y pudiera mostrar en una pantalla todo lo que siempre has pensado, incluso algunas de las cosas que estás pensando ahora acerca de mí, saldrías corriendo de este lugar. Saldrías corriendo de este lugar y jamás volverías a mostrar tu cara aquí, porque has pensado en cosas tan oscuras y tan retorcidas que no podrías compartir con tu mejor amigo, y sin embargo Dios, que es Santo, Santo, Santo, las ve todas. ¿Qué tenemos que ser para ir al cielo? Hubo una única vez en que alguien me preguntó eso en un avión. Estaba leyendo mi Biblia, y dijo: “¿Qué tienes ahí?” Le dije: “Tengo una Biblia”. Comenzamos a hablar, y dijo: “Bueno, ¿qué tengo que hacer para ir al cielo?” Lo miré y le dije: “Bueno, es fácil. Tendrías que ser absolutamente perfecto moralmente desde tu nacimiento hasta tu muerte”. Y seguí leyendo mi Biblia. Pude ver cómo se le torcía el rostro, y finalmente me miró y me dijo: “Disculpa. ¿Qué?” Y le dije: “Ah, lo siento, tendrías que ser absolutamente inmaculado ética y moralmente, sin ninguna falla, sin ninguna sombra, sin ningún error en tus pensamientos, palabras u obras, ante un Dios santo, que es tres veces santo. Tendrías que ser así desde tu nacimiento hasta tu muerte. ¿Sí?” Y me miró y me dijo: “¡Nadie puede hacer eso!” Le dije: “Tienes un problema enorme, ¿no?” Verás, no estaba intentando frustrarlo, sino que intentaba demostrar algo, que es lo mismo que intento demostrarte. Hay muchas personas que piensan que si ellos y Jesús trabajan juntos van a llegar al cielo. Estás equivocado. Si tomara tu mejor pensamiento, tu mejor palabra y tu mejor obra, y te enviara ante Dios solamente para ser juzgado por esas cosas, serías condenado. Déjame darte un ejemplo. Dirás: “Bueno, no soy un asesino. No soy una prostituta”. ¿Cuál es el pecado más grande? Bueno, ¿cuál es el mandamiento más grande? Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con toda tu fuerza. ¿Te das cuenta de que jamás has hecho eso, ni un segundo, en cualquiera de tus días? Tú y yo jamás hemos amado al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas. Somos tan engreídos. Por eso tenemos más espejos que Biblias en nuestras casas. Y por eso los espejos están siempre colgados y las Biblias siempre cerradas. Todo se trata de nosotros. Y Dios es santo. Dios es santo. Ahora bien, esas son buenas y malas noticias. ¿Por qué son buenas? Porque no querrías a un Creador omnipotente y Señor del universo con el carácter de Hitler, ¿verdad? Querrías a un Dios santo y justo, de veras, y es reconfortante saber que Dios es santo y justo. Pero es también, para el hombre y la mujer pensante, muy molesto. ¿Por qué es molesto? ¿Por qué es molesto que Él sea santo y justo? Porque tú no lo eres. Así que, ¿qué hace un Dios santo y justo con alguien como tú y como yo? ¿Qué hace? Ahora les voy a mostrar el corazón del cristianismo. Cuando digo eso me doy cuenta que estoy algo viejo, ya que tengo cincuenta y tres, pero no he estado vivo durante un milenio. Y toda la sabiduría del mundo no nació conmigo, ni morirá conmigo, así que, ¿cómo vengo a decirte que te voy a mostrar el corazón mismo de lo que es el cristianismo? Bueno, por dos motivos. Uno: está en la Biblia. Pero puedo malinterpretar la Biblia, incluso aunque la Biblia sea infalible. Así que, ¿cómo sé que te voy a mostrar el centro de la cristiandad? Bueno, si repasas los 2000 años de historia cristiana esto es lo que ves en esos hombres y esas mujeres que amaron la Biblia y la estudiaron y la creyeron. Voy a mostrarles el problema más difícil, y más grande de toda la Escritura. Es este. Si tú has estado en esta iglesia, ya lo has escuchado un millón de veces pero hay algunos que no lo han oído, entonces la gente de esta iglesia ahora va a escucharlo un millón y una vez. Este es el mayor problema en la Biblia: Si Dios es bueno, no puede perdonarte. Si Dios es santo y justo, Él no puede perdonarte. Y tú dirás: “¡¿Qué?!” Así es, en verdad. Es el mayor problema de toda la Escritura. Lo vemos en Éxodo, lo vemos en Salmos. Incluso lo vemos en el libro de Proverbios. Vemos que Pablo trata con él en Romanos 3. Y este es el problema: si Dios es justo, ¿cómo puede simplemente, como Él dice, darle la espalda a tu pecado? ¿Cómo puede cubrir tu pecado? ¿Cómo puede alejar de ti tus rebeliones, así como el Este está alejado del Oeste? Literalmente, en los Salmos, y otra vez en Romanos 4, dice que él los cubre. ¿Qué pensaríamos de un juez que barre los crímenes debajo de la alfombra? ¿Lo llamaríamos justo? No lo haríamos, ¿o sí? Lo llamaríamos corrupto. ¿Acaso fomenta la justicia? Absolutamente no. Más bien difama la justicia. Ahí pueden ver el mayor problema que hay en la Biblia. Dios es justo. Y debido a que Él es justo, y porque Él es santo. ¿Y saben qué? Porque Él es amor, Él odia. Él odia la maldad. Algunas personas dicen: “Dios es amor y por lo tanto Él no odia”. No, Dios es amor y por lo tanto Él debe odiar. Él odia la maldad. Él no puede simplemente darle la espalda a la maldad. Y no puede simplemente darle la espalda a tu maldad, ni a la mía, ni a la de nadie. Dios es juez justo. ¿Y acaso el juez de toda la tierra no hará lo que es correcto? Entonces esta es la gran pregunta en la Biblia: ¿Cómo puede Dios ser justo y simplemente perdonar a los hombres malvados? ¿Cómo puede hacerlo? La respuesta está en la persona de Jesucristo. Y esto es lo que muchas personas no entienden acerca de la Cruz. Dios en Su justicia condena al hombre. Cada hombre, cada persona aquí, cada persona que ha pisado el planeta desde Adán. Condenados, en nuestro pecado. Y toda la religión, y la asistencia a la iglesia, y cualquier otra cosa que quisieras agregar. No te va a ayudar ni una pizca. Estás condenado. Para estar en el cielo tienes que ser perfecto. Tener una justicia perfecta, ¡y ninguno de nosotros la tiene! Y Dios no puede hacerlo de otra manera. Porque es justo, no puede barrer tu pecado y ponerlo en un cesto o bajo la alfombra. Por eso Dios en Su justicia te condena, me condena y condena a toda la humanidad. Y entonces Dios en Su amor se hace hombre y vive la vida que tú no podrías vivir. La vida que yo no podría vivir. No sólo evitando el pecado. Sino al mismo tiempo viviendo una vida de justicia perfecta. No sólo evitando lo negativo, sino haciendo siempre lo positivo. Una vida de justicia perfecta. Y después el Hijo de Dios, va al Calvario. Y en el Calvario muere. Pero ahora aquí está el problema. Cuando oyes todos esos sermones de Semana Santa, ¿básicamente qué oyes? Escuchas acerca de los romanos clavándolo al madero, golpeándolo y atravesándolo con una lanza. Y oyes acerca de todas las cosas que los romanos le hicieron a Jesús y cómo eso lo mató. Y cuando oyes ese tipo de predicación, ese tipo de predicación desvirtúa el verdadero sentido de la cruz. No somos salvos de nuestro pecado porque los romanos golpearon y mataron a Jesús. Somos salvos de nuestros pecados porque cuando Él estaba en el madero, todos tus pecados fueron imputados sobre Él, y entonces Dios en el cielo abandonó a Su único Hijo, no porque no tuviera la fortaleza para verlo sufrir, no, Abandonó a Su único Hijo, porque Su único hijo se había hecho pecado. Y la separación de Dios, que tú deberías experimentar y que yo debería experimentar durante toda la eternidad, fue la separación que el Hijo de Dios experimentó en ese madero. Y ahí no solamente hubo un alejamiento negativo de la presencia de Dios de Cristo, por la cual Él clamó: “Elí, Elí, ¿lama sabactani?” Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Marcos 15:34) Sino que después, toda la fuerza de la ira de Dios, Su odio santo contra ti. Y contra tus crímenes. Y contra mí y mis crímenes. Que como Dios Santo debe derramar en nosotros. Él la derramó sobre Su propio Hijo. Como dice el profeta en Isaías 53:10: "Pero quiso el Señor quebrantarle". Con sus cuatro consonantes "Pero quiso YHWH quebrantar al Mesías". ¡Quebrantarlo! Bajo toda la fuerza de su ira. Muchos de ustedes han leído en la Biblia, que él está en el huerto y clama: que pase de mí esta copa... que pase de mí esta copa... que pase de mí esta copa (Mateo:39-44). Tres veces. ¿De verdad creen que nuestro Salvador estaba asustado por una lanza romana? Muchas personas piensan que cuando Jesús habla de la copa estaba pensando en la cruz, y en los azotes, y en todo lo demás. Y eso provocó que sudara gotas de sangre. ¿En serio? Entonces, ¿cómo es posible que todos los apóstoles, excepto Juan, y un sin número de mártires, fueron a la cruz, y la historia de la iglesia nos dice que estaban cantando himnos. Ellos estaban llenos de gozo por ser crucificados como su Señor. Entonces, ¿cómo es que ellos tuvieron más valentía que su Salvador? Jesús no estaba sudando sangre en ese huerto a causa de la cruz romana. Era más bien, porque él siempre había morado en el seno de su Padre, y tenían un deleite perfecto el uno con el otro. Siempre había sido el Hijo amado en quien el Padre tenía complacencia. Y en ese madero, el Padre apartó Su presencia de Su Hijo, como debía hacerlo con nosotros, y el Padre aplastó a Su Hijo. Eso era lo que había en la copa. La ira del Dios Todopoderoso en contra de cada pecado que hemos cometido. Y él se tragó esa ira. Cuando clamó diciendo: “Consumado es” (Juan 19:30), él dio vuelta a la copa y ni una sola gota escurrió por fuera. Él bebió todo. Pagó por completo. Y murió. Y al tercer día fue levantado. Por su propio poder, por el poder del Espíritu y por el poder del Padre, fue levantado. Y Romanos nos dice que esa es la señal de Dios, que es la vindicación de Su Hijo y prueba de que la muerte en el Calvario bastó para pagar por todos tus pecados. Entonces, ¿qué significa creer que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios? No es sólo decir: “ Yo amo sus enseñanzas y le sigo”. Es más bien: No tengo nada. No tengo justicia. Y no tengo otra esperanza excepto aquello que Dios hizo por mí en el Calvario y en la resurrección de Cristo de entre los muertos. Esa es mi esperanza. Si estuviera en medio de las personas más perversas en una gran guarida de iniquidad. Si estuviera ahí, si yo fuera llevado a ese lugar en este momento, la única cosa que me separa de ellos, ante los ojos de Dios, es la cruz del Calvario. Donde Jesucristo murió por mis pecados. Es eso. Y quiero decirles algo: Si agregas cualquier tipo de supuesta virtud a eso, es porque no crees en el Hijo de Dios. Yo escucho a muchas personas decir: “Yo soy cristiano”. ¿Crees en Jesús? “Sí, claro”. ¿Y si murieras justo ahora, a dónde irías? “Bueno, pues creo que iría al cielo”. ¿Por qué? “Pues, he sido bueno. He sido una buena persona”. ¿Pueden ver que hay algo que no cuadra? ¡¿Qué?! ¡¿Qué?! ¿Has sido una buena persona? ¿En serio? ¿Eres tan bueno como para tomar uno de esos pensamientos y permanecer ante Dios y arriesgar así toda tu eternidad? Algunas personas van a decir, y decían esto en Romanos 5 y 6, a eso estaba contestando Pablo: “Si tú estás diciendo que solamente es por fe en Jesús y no por nuestras obras, ¿entonces las personas simplemente creerán en Jesús y vivirán como el diablo y aún así irán al cielo?” ¡Absolutamente no! Miren, existen dos doctrinas en la Biblia que necesitamos entender muy bien. La primera es la justificación. ¿Qué es la justificación? Es una declaración legal. Las personas que creen en Jesucristo son legalmente justificadas ante Dios. Dios mira a esas personas como justas ante Él no en base a su propia virtud, sino en base a lo que Cristo hizo por ellos. Dios los declara justos. Esa es la posición de un creyente. Y entonces tenemos otra doctrina que es llamada la doctrina de la regeneración. Si lees la Biblia, encuentras esta doctrina en 2 Corintios 5:17. Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. ¿Qué significa eso? Significa que aquellos que realmente creen en Cristo, también han nacido de nuevo, o en otras palabras, han sido regenerados por el Espíritu Santo. Han sido vivificados. De manera que no viven creyendo en Jesús y haciendo un montón de cosas piadosas que aborrecen. Sino que creen en Jesús y son salvos. Y a causa de esa salvación, y a causa del poder que tiene Dios para transformar una vida, ahora ellos comienzan a vivir una vida nueva. Pero su condición delante de Dios nunca está basada en lo que ellos hacen, sino que se basa en la cruz del Calvario. En Cristo y sólo en Cristo. Ahora, quisiera terminar con una ilustración. Espero que esto no aplique a ninguno de ustedes, sino que pueda darles una idea de lo que estoy explicando. Yo la escuché de mi querido amigo Charles Leiter. Es una ilustración maravillosa. Digamos que somos dueños de un montón de ovejas, y que tenemos un problema. Por ahí hay un montón de coyotes. ¿Cómo podemos resolver el problema? Bueno, hay algunas opciones para resolverlo. La primera es: podemos conseguir un arma y dispararles a los coyotes. Y así resolvemos el problema de las ovejas, y resolvemos nuestro problema, pero eso no resuelve el problema de los coyotes. ¿Qué más podemos hacer? Pues podemos conseguir una jaula y atrapar ahí al coyote. Podemos atraparlo. Y así, resolvimos el problema de las ovejas, y nuestro problema. Pero en realidad no hemos resuelto el problema del coyote. Y dirás: “¡Pero ha sido reformado!” No, no es cierto. Solamente está enjaulado. No está reformado. Él camina de aquí para allá en la jaula, de aquí para allá, de esta forma, y lo único que quiere es salir. Si dejas la puerta abierta, va a salir de ahí. Entonces no hemos resuelto su problema. ¿Saben qué acabo de describirles? La religión. Y mucha de la religión cristiana. “Voy a la iglesia, odio hacerlo, pero voy porque es lo correcto”. “Hago esto porque es lo correcto y porque tengo que hacerlo”. Ahí no hay un verdadero amor por Dios. Ese no es un deseo genuino de servirle. “¡Tengo que hacer todas estas cosas!” Eso es legalismo. Esa es la religión. Esa es la iglesia. “¿Pero por qué tenemos que ir?” Es lo mismo que diría el coyote: “¿Pero por qué no puedo comer ovejas?” Y cada vez que no hay nadie observando, y cada que la puerta esté abierta, tú irás a comer ovejas. Irás a pecar, porque eso es lo que más amas. ¿Entonces qué es el cristianismo? Dios transforma a ese coyote en una oveja. Ese es el cristianismo. Lo cambia por dentro, transforma su corazón. Quita su corazón de piedra y le da un corazón de carne. Y así es como tú sabes que te has convertido en cristiano. No sólo porque hiciste una profesión de fe vacía: “Sí, yo creo que Jesús es el Hijo de Dios”. Sino porque has experimentado algo, así como Pedro, algo que no es físico sino espiritual. Dios te ha mostrado que este es Su Hijo y ha puesto en ti un deseo irresistible, de seguirlo y de agradarle. ¿Te das cuenta de eso? Voy a darles una lección de ontología (estudio del ser). Que dice así. Yo tengo una naturaleza. Tengo una voluntad. Y tengo actividad: las cosas que hago. Si mi corazón ama la maldad, entonces voy a desear la maldad. Las cosas de este mundo, las inmoralidades, la sensualidad, el dinero, y todo lo que hay en este mundo. Si eso es lo que mi corazón ama, esos deseos van a influenciar mi voluntad, y mi voluntad dirige mis actividades. Me motiva mi voluntad, la cual es dirigida por mis deseos malvados, y hago el mal. Pero si alguien puede transformar mi corazón de tal forma que ahora odie las cosas que antes amaba. Y que esas cosas que antes odiaba, como la justicia, ahora las ame. Entonces no hay mucho de qué preocuparme después de eso, porque mis nuevos deseos dirigirán mi vida hacia una dirección completamente diferente. Y cuando peco, mi corazón se quebranta, porque mi corazón ha sido renovado. Si fuera pastor de alguna de las iglesias existentes... Digamos que soy el nuevo pastor, y que durante mi primer domingo, alguien se acerca a mí y me dice: “Hermano Paul, hay un tipo allá que se llama Bill. Está ahí, sobre la colina, y no ha venido a la iglesia en cinco años, y todo eso, y todavía no podemos hacer que vuelva a la iglesia. Es miembro en esta iglesia. ¿Podrías ir y traerlo de vuelta? Es tu trabajo. Tú eres el pastor”. Así que voy, golpeo la puerta, y aparece Bill. Bill me dice: “Pasa”. Entro. Le digo: “Bill, no has ido a la iglesia en cinco años”. “Sí, pastor, tienes razón. ¿Sabes qué? Sigo otras cosas. Simplemente amo el mundo. Pero tienes razón. Tengo que hacer lo correcto y debo volver a la iglesia”. “Oye, Bill, supe que has estado yendo borracho por el pueblo bastante a menudo”. “Tienes razón, pastor. He estado bebiendo. Simplemente amo ese viejo licor, pero necesito apartarlo de mí. Necesito hacer lo correcto, y tengo que volver a la iglesia. Es lo que tengo que hacer”. “De acuerdo. Y, Bill, supe que no le has sido muy fiel a tu esposa. Que eres una especie de galán en el pueblo”. “Pastor, me atrapaste. Es cierto, tengo que dejarlo ir, por mucho que me atraiga y ame ese tipo de vida, tengo que dejarlo ir y debo hacer lo correcto”. Así que el próximo domingo, llego a la iglesia y todos dicen: “¡Pastor, es increíble! ¡Volvió una oveja!” No es así. Todos están mirando a Bill y dicen: “Una oveja regresó a su hogar”. No es así. Un lobo acaba de volver a la jaula. ¿Te das cuenta de lo que está diciendo Bill? “Sí, pastor, tengo que dejar de hacer todas las cosas retorcidas que amo y comenzar a hacer todas las cosas justas que odio para poder ganarme la entrada al reino de los cielos”. Eso es religión, y no es de lo que estamos hablando. Estamos hablando de una vida transformada. Y si tu vida no ha sido transformada desde el interior y todo lo que tienes es una religión o un ritual, o si hay ciertas cosas que crees que has hecho y haces, y que por eso vas a estar bien en el día final, estás equivocado. En serio, no vas a estar nada bien. La pregunta no es un ejercicio religioso, como dice Pablo en el libro de Gálatas. La pregunta es: ¿eres una nueva criatura, con nuevos deseos y un corazón nuevo? “¿Qué debo hacer?” Reconoce tu pecado. Reconoce que toda tu justicia es como trapos de inmundicia ante Dios. Y arrójate a Cristo. En Cristo, la roca firme estoy. Todo lo demás es arena que se hunde... No descanso en las circunstancias, sino que descanso completamente en el nombre de Jesús. No traigo nada en mis manos (para intercambiar con Dios o compensarlo), Sino que simplemente me aferro a la cruz de Cristo. Oremos: Padre, te agradezco por tu Palabra. Gracias por la cruz de Cristo. Gracias por el Espíritu Santo, quien abre los corazones y las mentes para conocerte a ti. Señor, ayúdanos, en el nombre de Jesús. Amén.