Legalismo vs. Antinomianismo

El término “legalismo” no se encuentra en la Biblia, y por eso es difícil definirlo bíblicamente. Sin embargo, para los propósitos de este estudio, el legalismo puede definirse como buscar cumplir leyes y reglas para ser salvos y santificados. Las “leyes” que el legalista procura cumplir pueden ser mandamientos dados por Dios, o normas y reglamentos inventados por los hombres. Según esta definición, una persona no es necesariamente un legalista solamente por el hecho de que tenga una conciencia demasiado sensible con respecto a cuestiones como la honestidad o la frugalidad. Tampoco son legalistas los que enfatizan la responsabilidad humana tanto como la soberanía divina. Ni tampoco es legalista una persona porque insiste en la necesidad de disciplinas espirituales tales como el ayuno y la negación de uno mismo.

El término “antinomianismo” proviene de dos palabras griegas: anti (“contra”) y nomos (“ley”). Significa, literalmente, estar en contra de la ley de Dios. Al igual que la palabra “legalismo”, la palabra “antinomianismo” realmente no aparece en la Biblia. Una palabra estrechamente relacionada aparece en la Biblia, sin embargo; es la palabra griega anomos (a = “sin”; nomos = “ley”). Queda claro lo que significa estar “sin ley” en los contextos en los que se encuentra la palabra anomos: “¿Qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? ¿O qué armonía tiene Cristo con Belial?”  Aquí vemos que “iniquidad” es lo opuesto a “justicia” y que está asociado con “oscuridad” y “Belial”. (NOTA DEL TRADUCTOR: Debido a que en castellano no existe una palabra específica para decir “sin ley”, para transmitir la idea se usará el término “antinomianismo” durante el resto del apéndice.)

REFUTANDO LOS ERRORES

Nada excepto el poder regenerador del Espíritu Santo morando en el cristiano es suficiente para lograr una verdadera vida de santidad. Entonces, no es de extrañar que los falsos maestros (quienes “no tienen el Espíritu”) siempre se han inclinado hacia el legalismo o hacia el antinomianismo en cuanto a cómo viven la vida “cristiana”. Los que son legalistas han sustituido la ley por la gracia, y los que viven sin ley han “convertido la gracia de nuestro Dios en libertinaje”. Aunque tendemos a pensar que el legalismo es un pecado particularmente “judío” y que el antinomianismo es un pecado particularmente “gentil”, en realidad, ambas tendencias coexisten en todo hombre natural. El corazón pecaminoso que un día piensa como un legalista, al día siguiente puede andar sin ley en sus acciones. De hecho, el legalismo externo a menudo coincide con un antinomianismo interno; los escribas y fariseos son el primer ejemplo de eso.

Ningún cristiano puede ser verdaderamente un legalista, ya que confiar en la ley y confiar en Cristo son mutuamente excluyentes. De la misma manera, ningún cristiano puede vivir sin ley, puesto que Cristo “jamás conoció” a aquellos que “practican la iniquidad”. Sin embargo, los cristianos pueden ser afectados negativamente tanto por el legalismo (como lo fueron los gálatas), como por el antinomianismo (como lo fueron los corintios). Cristianos verdaderos pueden llegar a ser legalistas en su manera de pensar, concentrándose más en la obediencia a una “lista de deberes” mentales que en su relación con Cristo, tratando de mantener el favor y la sonrisa de Dios por medio de su “desempeño” diario. Asimismo, cristianos verdaderos pueden llegar a estar sin ley en su manera de pensar, usando la “gracia” como una excusa para justificar un estilo de vida espiritual que es perezoso y descuidado, en vez de “disciplinarse a sí mismos para la piedad”. Todo cristiano profesante debe prestar atención a las señales de advertencia, tanto del legalismo como del antinomianismo, ya que ambos deshonran a Dios, y el Espíritu Santo nunca va a permitir que ninguno de ellos “reine” en la vida de un creyente verdadero.

CARACTERÍSTICAS DEL LEGALISMO

  1. El legalista centra su vida en torno a leyes y no en torno a Dios. El mayor pecado del legalista es que en realidad no ama ni adora a Dios. En vez de eso, su “corazón, alma, mente, y fuerzas” —sus afectos, preocupaciones, pensamientos, y energías— todo está centrado en leyes, reglas, y regulaciones. Esto es especialmente abominable para Dios, porque da a los hombres perdidos la impresión de que la verdadera religión es algo desagradable e impersonal —una cuestión de guardar reglas muertas, en vez de una relación de amor con un Dios viviente. El hecho de que ese tipo de religión farisaica es “de alta estima entre los hombres” la hace todavía más “abominable delante de Dios”. Por el contrario, la verdadera vida cristiana es algo gozoso, libre, y espontáneo. Glorifica a Dios, porque emana de un corazón que se deleita en Él y lo ama por sobre todo.

Y Él le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. – Mateo 22:37-38

Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo. Romanos 14:17

  1. Al legalista le importa más cumplir con las reglas que las necesidades de sus semejantes. El segundo pecado más grande del legalista es que realmente no ama a los demás. Para el legalista, las “reglas” son más importantes que las personas, y el “sacrificio” es más importante que la “compasión”.  El legalismo es insensible a la necesidad humana. Está centrado en la ley, no en el amor. Se preocupa más por los aspectos sutiles de cosas como la observancia del día de reposo, que por los sufrimientos de sus semejantes. La conciencia del legalista no se inquieta cuando manda a Judas a suicidarse, pero se preocupa mucho por no transgredir algún detalle sutil de protocolo legal.

Y el segundo [mandamiento más grande] es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. – Mateo 22:39

Otra vez entró Jesús en una sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca. Y le observaban para ver si lo sanaba en el día de reposo, para poder acusarle. Y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte aquí en medio. Entonces les dijo: ¿Es lícito en el día de reposo hacer bien o hacer mal, salvar una vida o matar? Pero ellos guardaban silencio. Y mirándolos en torno con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y su mano quedó sana. Pero cuando los fariseos salieron, enseguida comenzaron a tramar con los herodianos en contra de Jesús, para ver cómo podrían destruirle.    Marcos 3:1-6

Y cuando vieron esto, los fariseos dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los recaudadores de impuestos y pecadores? Al oír Él esto, dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. Mas id, y aprended lo que significa: “Misericodia quiero y no sacrificio”; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Mateo 9:11-13

Por aquel tiempo Jesús pasó por entre los sembrados en el día de reposo; Sus discípulos tuvieron hambre, y empezaron a arrancar espigas y a comer. Y cuando lo vieron los fariseos, le dijeron: Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo. Pero Él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, que no les era lícito comer, ni a él ni a los que estaban con él, sino sólo a los sacerdotes? ¿O no habéis leído en la ley, que en los días de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo y están sin culpa? Pues os digo que algo mayor que el templo está aquí. Pero si hubierais sabido lo que esto significa: “Misericordia quiero y no sacrificio”, no hubierais condenado a los inocentes. Porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.   Mateo 12:1-8

Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que Jesús había sido condenado, sintió remordimiento y devolvió las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: He pecado entregando sangre inocente. Pero ellos dijeron: A nosotros, ¿qué? ¡Allá tú! Y él, arrojando las piezas de plata en el santuario, se marchó; y fue y se ahorcó. Y los principales sacerdotes tomaron las piezas de plata, y dijeron: No es lícito ponerlas en el tesoro del templo, puesto que es precio de sangre. – Mateo 27:3-6

  1. El legalismo enfatiza lo externo.  El legalista ve la justicia fundamentalmente en términos de actos externos, en vez de en actitudes internas. Tiene una concepción superficial del pecado y se imagina que por guardar la ley externamente, él agrada a Dios. No sabe nada de la verdadera justicia de corazón. Él “juzga por la apariencia”, mientras que Dios “mira el corazón”.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque limpiáis el exterior del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de robo y de desenfreno. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de adentro del vaso y del plato, para que lo de afuera también quede limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros, por fuera parecéis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. – Mateo 23:25-28

Cuando el fariseo vio esto, se sorprendió de que Jesús no se hubiera lavado primero antes de comer, según el ritual judío. Pero el Señor le dijo: Ahora bien, vosotros los fariseos limpiáis lo de afuera del vaso y del plato; pero por dentro estáis llenos de robo y de maldad. Necios, el que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro? Dad más bien lo que está dentro como obra de caridad, y entonces todo os será limpio. Lucas 11:38-41

Debido a su énfasis en lo externo, el legalismo tiende a promover una conformidad y uniformidad que son externas, en lugar de una verdadera unidad de espíritu. Todos se ven iguales, hablan igual, se visten igual. El legalismo reprime la espontaneidad, la individualidad, y la libertad.

  1. El legalismo se enfoca en lo de menor importancia. Dado que los legalistas son ciegos a las cuestiones “de más peso” de la ley, centran su atención en puntos sutiles y no cumplen con los aspectos más importantes. Ellos “colan el mosquito” al observar normas y regulaciones menores, pero se “tragan el camello” al no lograr amar a Dios y a los demás.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y éstas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquéllas. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! – Mateo 23:23-24

  1. El legalismo se convierte en una religión de expertos. Debido a que el legalista no tiene una relación viva con Dios como su maestro y guía, tiene que tener una “regla” para cada situación que pueda surgir. Por lo tanto, necesita de una clase entera de personas (“intérpretes de la ley”) para interpretar los puntos más sutiles de la ley y “llenar los espacios en blanco” cuando les parece que Dios no ha dado revelación suficientemente detallada.

Respondiendo uno de los intérpretes de la ley, le dijo: Maestro, cuando dices esto, también a nosotros nos insultas. Y Él dijo: ¡Ay también de vosotros, intérpretes de la ley!, porque cargáis a los hombres con cargas difíciles de llevar, y vosotros ni siquiera tocáis las cargas con uno de vuestros dedos…. ¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley!, porque habéis quitado la llave del conocimiento; vosotros mismos no entrasteis, y a los que estaban entrando se lo impedisteis. – Lucas 11:45-46, 52

  1. El legalismo tiende a formular absolutos de convicciones personales o tradiciones de hombres, y luego las impone sobre otros. Como ya se mencionó, el legalista tiene que tener una regla para cada situación. Cuando éstas no están descritas claramente en las Escrituras, deben ser “deducidas” usando una mezcla de razonamiento humano y de opinión personal. Tal razonamiento humano y opinión personal pronto es aceptado como “lo que la Biblia enseña”, ¡y acaba de nacer un nuevo “absoluto”! Estos absolutos anti-bíblicos van, literalmente, desde enseñar que los parachoques cromados en el vehículo son “del mundo” y debieran ser pintados en negro, ¡hasta la idea de que todos los cristianos tienen que escolarizar a sus hijos en casa y hornear pan casero!

Los fariseos, y algunos de los escribas que habían venido de Jerusalén, se reunieron alrededor de Él; y vieron que algunos de Sus discípulos comían el pan con manos inmundas, es decir, sin lavar. (Porque los fariseos y todos los judíos no comen a menos de que se laven las manos cuidadosamente, observando así la tradición de los ancianos; y cuando vuelven de la plaza, no comen a menos de que se laven; y hay muchas otras cosas que han recibido para observarlas, como el lavamiento de los vasos, de los cántaros y de las vasijas de cobre.) Entonces los fariseos y los escribas le preguntaron: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen con manos inmundas? Y Él les dijo: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí. “Mas en vano me rinden culto, enseñando como doctrinas preceptos de hombres.”    Marcos 7:1-7

  1. El legalismo da lugar a que los hombres pequen contra otros en el nombre de la justicia. Cuando opiniones personales y tradiciones humanas se elevan a la posición de absolutos, las cuestiones más importantes de la ley (así como amor a Dios y amor a los demás) inevitablemente se minimizan y se invalidan. A fin de guardar sus tradiciones, el legalista pecará aun contra sus propios seres queridos, al mismo tiempo que tranquiliza su conciencia con la idea de que está “solamente obedeciendo a Dios”.

Dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres. También les decía: Astutamente violáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. Porque Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre”; y: “El que hable mal de su padre o de su madre, que muera;” pero vosotros decís: “Si un hombre dice al padre o a la madre: ‘Cualquier cosa mía con que pudieras beneficiarte es corbán (es decir, ofrenda a Dios)'”; ya no le dejáis hacer nada en favor de su padre o de su madre; invalidando así la palabra de Dios por vuestra tradición, la cual habéis transmitido, y hacéis muchas cosas semejantes a éstas.  Marcos 7:8-13

  1. El legalismo se caracteriza por el egocentrismo, el orgullo, el juzgar a los demás y el desprecio al prójimo. El yo, en una u otra de sus expresiones, salta a la vista en todas las formas de legalismo.

 Te doy gracias porque no soy como los demás hombres…. Yo ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gano. Lucas 18:11-12

El legalista no tiene una verdadera comprensión de su propia pecaminosidad ni de la santidad de Dios. No cree realmente que “no hay nadie bueno sino Dios”, entonces en vano se imagina que él puede “establecer su propia justicia” al guardar la ley. No se aferra a la misericordia de Dios, porque no tiene ninguna necesidad de ella. No se lanza sobre Dios buscando justicia, porque cree que tiene su propia justicia. No se aferra a Dios para que lo capacite para vivir una vida santa, porque observa la ley en lo que respecta a los aspectos externos que él puede guardar en sus propias fuerzas. Él ni siquiera depende de Dios para que lo guíe, ya que tiene su manual de comportamiento y sus preceptos para aplicar a cada situación. Por ende, el legalista es orgulloso, confía en su propia justicia, y es auto-suficiente.  

Debido a que es orgulloso y confía en su propia justicia, el legalista menosprecia a los demás. Cree ser mejor que los otros hombres.

Refirió también esta parábola a unos que confiaban en sí mismos como justos, y despreciaban a los demás: Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos. El fariseo puesto en pie, oraba para sí de esta manera: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos….”   Lucas 18:9-11

Además, todos los legalistas son sentenciosos; creen estar por sobre otros y se dan aires de superioridad, prestando especial atención a sus supuestas fallas. Los legalistas también se encargan de juzgar las intenciones de los corazones de otros hombres.    

No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, se os medirá. ¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: “Déjame sacarte la mota del ojo”, cuando la viga está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano.  – Mateo 7:1-5

El que come no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado. ¿Quién eres tú para juzgar al criado de otro? Para su propio amo está en pie o cae, y en pie se mantendrá, porque poderoso es el Señor para sostenerlo en pie. – Romanos 14:3-4

Considerando estas cosas, no es de extrañar que cuando los verdaderos cristianos se mueven en la dirección del legalismo, pierden el “sentido de bendición” que tuvieron antes. Se dan cuenta en lo profundo de su corazón que jamás pueden “desempeñarse” lo suficientemente bien como para mantener el favor de Dios, y se encuentran a sí mismos en un estado de miseria y esclavitud. En lugar de estar llenos de amor unos por otros, en cambio, ellos comienzan a “morderse y devorarse unos a otros”.

  1. El legalismo no tiene ningún valor real para mortificar al pecado. Si bien tiene una apariencia de justicia, el legalismo en realidad fomenta el pecado en lugar de destruirlo. O bien, incita a los hombres a cometer pecados cada vez más graves que los que están tratando de hacer morir, o bien sustituye los pecados externos y obvios por aquellos “religiosos” que son más ocultos y engañosos.

Si habéis muerto con Cristo a los principios elementales del mundo, ¿por qué, como si aún vivierais en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: no manipules, no gustes, no toques (todos los cuales se refieren a cosas destinadas a perecer con el uso), según los preceptos y enseñanzas de los hombres? Tales cosas tienen a la verdad, la apariencia de sabiduría en una religión humana, en la humillación de sí mismo y en el trato severo del cuerpo, pero carecen de valor alguno contra los apetitos de la carne. – Colosenses 2:20-23

CARACTERÍSTICAS DEL ANTINOMIANISMO

  1. La persona que vive sin ley centra su vida en torno a sí misma y al pecado, y no en torno a Dios y a los demás. El “yo” es el verdadero dios de toda persona que vive sin ley. Le importan más su propia voluntad y deseos, que agradar y glorificar al Señor. Su actitud interior es: “No quiero que este Hombre [Cristo] reine sobre mí”. Además, a la persona que vive sin ley le importan más su propia voluntad y sus deseos, que lo que es mejor para sus semejantes. Al igual que el legalista, fracasa rotundamente en guardar los dos grandes mandamientos.

Estos son escollos ocultos en vuestros ágapes, cuando banquetean con vosotros sin temor, apacentándose a sí mismos; son nubes sin agua llevadas por los vientos, árboles de otoño sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; son olas furiosas del mar, que arrojan como espuma su propia vergüenza; estrellas errantes para quienes la oscuridad de las tinieblas ha sido reservada para siempre. – Judas 1:12-13

  1. El antinomianismo convierte la gracia de Dios en licencia para pecar. El antinomianismo enseña que debido a que somos salvos por gracia y no por obras, no importa cómo vivamos. Declara que los cristianos tienen libertad para pecar porque no están bajo Ley, y alienta a los hombres a descuidar o pensar a la ligera acerca de los mandamientos de Cristo.  Aquellos que son cuidadosos en obedecer a Cristo son vilipendiados como “legalistas” por ellos.

Pues algunos hombres se han infiltrado encubiertamente, los cuales desde mucho antes estaban marcados para esta condenación, impíos que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje, y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo. – Judas 4

¿Entonces qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? ¡De ningún modo! ¿No sabéis que cuando os presentáis a alguno como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia? – Romanos 6:15-16

No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Y entonces les declararé: “Jamás os conocí; Apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad.” – Mateo 7:21-23

  1. El antinomianismo enseña que no es necesario ser santo para ser salvo. El antinomianismo implica o defiende abiertamente la idea de que los que son verdaderamente injustos pueden heredar el reino de Dios, afirmando que las buenas obras no son la prueba de la conversión genuina, y que la santificación no es una evidencia necesaria de la justificación. El arrepentimiento no se considera como una parte del mensaje del evangelio, ni tampoco como algo que produce un cambio real en la práctica con respecto al pecado. Por lo tanto, la fe puede ser “sin obras” y aún ser la verdadera fe salvadora.

Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.  – Hebreos 12:14  

¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. – 1 Corintios 6:9-10

Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado al fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. – Mateo 7:16-20     

¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarlo? … Tú crees que Dios es uno. Haces bien; también los demonios creen, y tiemblan. Pero, ¿estás dispuesto a admitir, oh hombre vano, que la fe sin obras es estéril? – Santiago 2:14, 19-20

  1. El antinomianismo menosprecia la ley de Dios. Los que están sin ley no temen tratar a la ligera y con desdén los mandatos y requerimientos de Dios. Por sus actitudes y acciones, ellos dejan entrever que la ley en sí es mala. Pablo, por otro lado, exalta la ley como “santa, justa y buena” y rechaza por ser absurda cualquier idea de que la ley sea pecado.

¿Qué diremos entonces? ¿Es pecado la ley? ¡De ningún modo! Al contrario, yo no hubiera llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por medio de la Ley…. – Romanos 7:7

Así que la Ley es santa, y el mandamiento es santo, justo y bueno. ¿Entonces lo que es bueno vino a ser causa de muerte para mí? ¡De ningún modo! Al contrario, fue el pecado, a fin de mostrarse que es pecado al producir mi muerte por medio de lo que es bueno, para que por medio del mandamiento el pecado llegue a ser en extremo pecaminoso.  – Romanos 7:12-13

  1. El antinomianismo deshonra a Dios. La hipocresía e iniquidad de los que profesan ser cristianos, hace que el nombre de Dios sea profanado entre los incrédulos y Su verdad sea blasfemada.

Por tanto, di a la casa de Israel: “Así dice el Señor DIOS: ‘No es por vosotros, casa de Israel, que voy a actuar, sino por mi santo nombre, que habéis profanado entre las naciones adonde fuisteis. ‘Vindicaré la santidad de mi gran nombre profanado entre las naciones, el cual vosotros habéis profanado en medio de ellas. Entonces las naciones sabrán que yo soy el SEÑOR’ declara el Señor DIOS ‘cuando demuestre mi santidad entre vosotros a la vista de ellas. – Ezequiel 36:22-23       

Tú que te jactas de la ley, ¿violando la ley deshonras a Dios? Porque el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros, tal como está escrito. – Romanos 2:23-24  

Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina. Muchos seguirán su sensualidad, y por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado…. – 2 Pedro 2:1-2

Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada. – Tito 2:3-5

 

of Lake Road Chapel
Kirksville, Missouri