Estoy sufriendo. ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora?

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Categoría: Corte de Sermon, Video

Cuando una prueba viene a tu vida, ¿estás preguntando “Dios, por qué”, o estás confiando en el Señor, que no importa cuán grande la tormenta sea, Él está en el trono?


Podemos glorificar a Dios creyendo en Dios cuando nuestra fe es probada. Eso trae gran gloria a Dios. Romanos 4:19-21, recuerden a Abraham, no dudó por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Glorifica a Dios cuando seguimos confiando en Él, aún cuando nuestra fe está siendo muy probada.

Ahora, quiero tomar un poco de tiempo aquí, sólo para leer un testimonio de un hermano. No puedo mencionar su nombre, a causa del tipo de trabajo en que él está involucrado, pero él vino con un muy severo dolor debilitante en sus articulaciones. Y fue casi al punto de tener que estar en una silla de ruedas, y nadie podía resolverlo; los doctores no sabían de qué se trataba, pero él dijo esto: “En noviembre” Les leo esto porque es la mejor historia que he visto nunca acerca de este tema. “En noviembre, una tarde temprano, mi amigo y yo fuimos a evangelizar y tocamos una puerta.” Ahora él está ahí evangelizando. Sus articulaciones le duelen tanto que apenas puede caminar. Pensaban que él tendría que estar en una silla de ruedas, pero salieron a evangelizar.

“Un hombre mayor abrió la puerta y nos invitó a pasar, y después también fuimos saludados por su esposa. Nos sentamos. Esto ocurrió durante el tiempo que tuve ese dolor insoportable en mis articulaciones.” Es una familia musulmana. “Tan pronto como me senté, cuando aún no me había dado cuenta de que la señora había notado que estaba meciéndome hacia adelante y hacia atrás por causa de la intensidad del dolor.” Ella me preguntó: “¿Qué es lo que sucede?” Le conté sobre mi enfermedad. Tras un poco de discusión, y un ofrecimiento de té de hierbas, tal vez para aliviar el dolor, ella me preguntó: “Si Dios es quien ustedes dicen que Él es, ¿por qué permite Él esto?” “¿Por qué un Dios de amor haría algo tan terrible a alguien si es que Él nos ama?” Le respondí que después de veintisiete años de caminar con Cristo he aprendido a no hacer preguntas así porque presuponen ideas acerca de mi Padre Celestial, las cuales yo sé que son falsas”.

¿Saben? Si no llevamos nuestros pensamientos en conformidad con lo que sabemos que es la verdad, vamos a ser miserables. Y no vamos a glorificar a Dios. Él dijo: “He aprendido a no hacer tales preguntas”. Tan pronto como dices “¿por qué?” ellas presuponen ideas acerca de mi Padre Celestial que yo sé que son falsas”. Le dije que en medio del sufrimiento, nuestra tentación es preguntar “¿por qué?” ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora? ¿Por qué esto? Pero cuando preguntamos “¿por qué?” por debajo de esa pregunta yacen dudas acerca del carácter santo y limpio de Dios. Dudas acerca de Su poder, de su bondad, sabiduría y justicia. E incertidumbre acerca de Su fidelidad a Sus promesas. ¿No es verdad? Le atribuimos a Dios lo que es completamente falso acerca de Él sólo por hacer la pregunta.

“Le dije que había sido enseñado por el Espíritu Santo que siempre deberíamos en todas las circunstancias de la vida, especialmente en medio de la adversidad, dar gracias a Dios, y confiar en Él. He aprendido del Salvador que en vez de protestar debería estar adorando a Dios por la misma experiencia que encuentro tan dolorosa y desagradable. Cuando le damos las gracias a Dios en la salud, paz y prosperidad, ¿qué logro es ese? Cualquier persona sensible haría eso. Pero cuando ofrecemos alabanza y acción de gracias al Señor, cuando nuestro mundo se está derrumbando alrededor nuestro ese es un acto de verdadera adoración. Le dije que había aprendido de mi Padre Celestial que la acción de gracias y alabanza es la llave para liberación y abre las puertas del diluvio de las bendiciones de Dios sobre nosotros y trae sanidad a nuestros corazones.

Mientras hablaba, lágrimas corrían de sus ojos. Entonces, ella discretamente se levantó, vino a donde estaba sentado, se sentó junto a mí, y sostuvo mi mano. Le dije que como cristiano, había llegado a aprender que Dios permite sufrimiento principalmente por dos motivos: como una advertencia a los que permanecen descuidadamente en pecado para cambiar su curso, o como una afirmación de Su gran amor hacia aquellos cuyo corazón está consagrado inquebrantablemente a Él. Una afirmación de Su gran amor. Aquellos que verdaderamente lo aman y respetan. Él usa la aflicción en sus vidas como fuego purificador del cual extrae gemas puras, corazones purificados que reflejan el rostro de Dios. El sufrimiento trae a los que aman a Dios en conformidad al carácter de Dios. Los dolores de esta vida también preparan a los cristianos para dejar este mundo mortal pasajero por sus moradas celestiales y eternas. En ocasiones nos volvemos muy cómodos, demasiado sujetos a este mundo temporal decadente, como si fuéramos a estar aquí para siempre. El sufrimiento afloja nuestras ataduras a este mundo y nos lleva a mirar más allá al mundo por venir. No obstante, siempre es agradable al Señor que estando en medio de nuestra angustia, abramos nuestras bocas para bendecirle, para alabarle, para darle gracias, en lugar de cuestionarlo.

Cuando terminé, ella dijo que fue la providencia de Dios la cual nos había traído a su puerta. Ella explicó que ella y su esposo habían perdido su hijo en un accidente trágico y se habían estado preguntando “¿por qué? ¿por qué?” Pero ahora ha dicho: “Siento que esta tarde al fin la paz ha llegado” Esta es una familia musulmana. Esa tarde mi amigo y yo nos quedamos para la cena. La siguiente semana regresé a verlos. Los dos entregaron sus corazones al Señor. Pero ¿qué es eso? Es un testimonio de la oportunidad para glorificar a Dios por la fe en medio de la adversidad y la prueba, creyendo en Dios cuando todo parece ir en contra de ti.

Eso es, ya saben, cuando la gente habla de cómo el ladrón de la cruz, ellos dicen: “Bueno, él no tenía ningún fruto en su vida”. Él tuvo un fruto tremendo. Él confesó a Cristo como Señor en el momento cuando Él se veía menos como Señor de lo que nunca se había visto, en todo su ministerio terrenal.