¿Estás en el Círculo Interno? (Edward Payson)

Categoría: Corte de Sermon

¿Cuán frecuente miras hacia arriba y contemplas a Cristo mientras vas a través de tu día? ¿Miras a Cristo en todo lo que haces? Hay unos cristianos en el círculo más interno quienes mantienen sus ojos sobre los rayos dadores de vida de su Salvador en todo lo que hacen, y no soportan apartar la mirada de Él. ¿En cuál círculo estamos?


Hace algunos años, en realidad cuando yo estaba en esta parte de las Escrituras, tal vez un versículo o dos apartado de donde estamos ahora mismo, traje por primera vez esta imagen. Payson el orador; Edward Payson. Voy a su ciudad natal. He visto su tumba. Iré ahí en agosto. En las obras de Payson, se acuerdan de los círculos concéntricos. Él básicamente pinta una imagen. Imagínense el sol en el medio. Círculos concéntricos moviendose. Concéntricos quiere decir que todos tienen el mismo centro. Círculos concéntricos moviéndose hacia afuera como la órbita de planetas del sistema solar. Cristo está en el centro. ¿Y saben qué? Mientras más apretado el diámetro, más…más real, más cerca mora Cristo. Y escuchen, Payson pinta la imagen así: él dice que aquellos que están más adentro, más cerca al sol – él dice, “esos son los que valoran la presencia de su Salvador tan altamente que no soportan estar a distancia alguna de Él. Incluso su trabajo…” Él reconoce que ellos deben trabajar. No pueden estar en oración todo el día ni solo sentados en sus Biblias todo el día. Pero incluso en su labor, “lo mencionaran y lo harán a la luz de Su semblante.” Ellos están conociendo Su presencia ahí mismo, y están conscientes de encontrar esa presencia. Algunos de ustedes han escuchado de como Wesley dijo que estaba determinado a orar hasta que orara. Estaba dispuesto a orar hasta encontrar a Dios. Ese es el tipo de cristianismo que ustedes deben querer. Lo quieren a donde van a perseverar hasta encontrarlo a Él. Esta gente no quiere nunca perderlo. Ellos no quieren perder, “un rayo, un destello de Su luz.” Ahora, él nos lleva al próximo círculo concéntrico. Dice, “Otros seguramente no estarían contentos de vivir fuera de la presencia de Cristo, pero son aún menos enteramente absorbidos por ella que aquellos adentro. Y puede verse un poco más distante. Comprometidos aquí y allá en sus diversos llamados. Sus ojos generalmente sobre su trabajo, pero con frecuencia alzando la vista a la luz la cual aman.” Pero no son tan sensibles. Luego dice que hay una tercera clase. Un tercer círculo. Un diámetro más grande, más amplio. Más distante. Está mas allá de los primeros dos. “Pero todavía queda dentro de los rayos que dan vida.” Son cristianos. “Incluye una multitud en duda.” Y por “en duda” no quiere decir en duda en cuanto a su salvación. Dice que están dentro de los rayos que dan vida. Están en duda de lo que más quieren en la vida. “Muchos quienes están tan ocupados en sus planes mundanos. Ellos podrían verse estando parados de lado a Cristo.” Hermanos, a decir verdad, ¿cuántos de nosotros estamos parados de lado a Cristo? “…Mirando mayormente hacia al otro lado. Sólo de vez en cuando volteando el rostro hacia la luz.” Ahora él va más allá. “Hasta más allá, entre los últimos dispersados rayos del sol. Tan distante que con frecuencia es dudable si ellos vienen en lo absoluto dentro de la influencia de esos destellos de luz.” Puede que ellos no sean auténticos. “Es un mezclado grupo de los ocupados, algunos con sus espaldas enteramente volteadas al sol. La mayoría de ellos tan ansiosos y preocupados con sus muchas cosas como para escatimar sólo poco tiempo para su Salvador. La razón por la cual los hombres de este mundo piensan tan poco de Cristo es que no lo miran. Sus espaldas volteadas al sol, pueden ver sólo sus proprias sombras y por ende están completamente ocupados con sí mismos. Mientras que el verdadero discípulo, mirando sólo hacia arriba y hacia dentro, ve nada excepto a su Salvador y aprende a olvidarse a sí mismo.” Yo diría esto: si Cristo no se establece – esta es la oración – que Cristo pueda establecerse en tu corazón por medio de la fe. Si Cristo no se establece dentro de ti, ¿qué tienes? Si estás ahí solo, y miras alrededor y solo estás tú, tu voluntad, tus deseos; ¿qué tienes? ¡Qué soledad! ¡Qué vacío! ¿Estás ahí sólo? ¿O está la presencia de Cristo mismo ahí contigo? Su presencia personal. Su poder. En el centro de tu ser – el centro de tu consciencia – viviendo ahí. Cuán sumamente insensato decir, “bueno, yo creo.” Entonces lo que seas que estes diciendo debe ser verdad. Que insensatez, el estar contento con eso. Miren, ustedes quieren ser como esta gente que miran hacia arriba y ahí está Él. Ahí están los rayos de Su luz – de Su gloria – que radían, y tienes un sentido de no estoy solo. Él está aquí conmigo. No estoy solo. Su sangre me ha cubierto. No estoy solo. Su voz me habla. No estoy solo. Huelo la fragancia de Su presencia. Lo siento aquí. Lo siento en mi consciencia. Lo siento en mis pensamientos. Lo siento en mis anhelos. Lo siento en mi hambre y en mi sed. Lo oigo. Esa voz. Tú no quieres solo decir “no, no es cierto, pero yo soy creyente, entonces debe ser verdadero.” Tratas de persuadirte de eso. La pregunta es esta: ¿es Cristo una realidad viviente? ¿Y sabes cómo les parece a aquellos que dicen, “sí, Él lo es?” Esos son los que están más desesperados por obtener más.