El Orgullo y el Problema del Yo

Tema:
Categoría: Estudios Bíblicos
Biblia:

1 Corintios 4: 7

El orgullo y el yo, es lo que le hizo caer a Satanás en la rebelión original. Y cuando Satanás hizo caer a la humanidad en el Huerto de Edén, su táctica fue apelar al orgullo de ellos. “Y seréis como Dios”. Sé tu propio dios. No vivas para el Señor, decide tú lo que está bien y lo que está mal. Tú decides lo que puedes y no puedes hacer. Tú decides lo que es y lo que no es verdad. Todo es orgullo. De hecho, todo pecado es el resultado del orgullo y del yo.

Transcripción

“Porque ¿quién te distingue?” Bastante confusa la traducción en mi ESV (English Standard Version) La New American Standard lo traduce así: “¿Quién te estima como superior?” O quizás, la antigua King James lo traduzca mejor. “¿Quién te distingue de los demás?” ¿Cuál es la diferencia entre tú y alguien más? El versículo continúa: “¿Qué tienes que no recibiste?” El punto que esta pregunta retórica está haciendo es: ¡Nada! Todos tus dones y habilidades son gracias dadas por Dios. “Y si lo recibiste,” si todo lo que tienes —cualquier cosa buena en ti, cualquier habilidad, te fue dada por la gracia de Dios ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido? ¿Por qué te jactas como si fueras mejor que otros? ¿Por qué actúas y te glorías de ser, superior de alguna manera en cierta área, como si todo dependiera de ti, cuando todas las habilidades y dones que tienes, se deben solamente a la gracia del Dios que te los dio? ¿Por qué te enorgulleces de tus logros y buscas reconocimiento? ¿Por qué te consideras superior, y desprecias a los que no pueden ver y hacer las cosas como tú, cuando toda cosa buena en ti, es por la gracia de Dios? So lets pray. Oremos. Padre, solo oro que nos muestres esta gracia ahora, y mientras que expones la negrura de nuestros corazones, tu gracia sea magnificada. Lejos de nosotros jamás gloriarnos, salvo en la cruz de Cristo Jesús, nuestro Señor. En el nombre de Jesús, Amén. Pueden sentarse. Lo que estamos viendo esta noche es el orgullo. Cómo el diablo nos ataca con sus dardos encendidos de pensamientos y sugerencias sutiles que él pone en tu cabeza para hacer que te sientas orgulloso, y te gloríes en ti mismo. El diablo es un adulador, muy bueno para elogiar. Si no te está condenando, está tratando de hacer que te envanezcas para que condenes a otros. Ahora, ¿por qué quiere que tú seas así? Permíteme darte dos razones. Número uno, cuando eres orgulloso y egoísta, no buscas primeramente los intereses de Dios y de los demás; en cambio, te vuelves muy egoísta, pensando en ti mismo, en el yo. Ya sea una persona extrovertida, la persona confiada, quien está buscando el reconocimiento o el tipo que se pone de mal humor y se encierra en sí mismo, buscando atención de esa manera incluso sin pensar en los demás. Y número dos; El diablo quiere que tú seas orgulloso y egoísta porque, cuando eres así, no estás en contacto con la persona del Señor Jesucristo. Porque nadie puede gloriarse en Su presencia. Nadie puede ser orgulloso en la presencia de Dios. Entonces, hermanos, esto quiere decir que cuando estás pensando "Oh, espero que la gente piense bien de mí". y dices cosas, y haces cosas para tratar de impresionar a la gente, hacer que piensen cuán grande eres tú, o cuán espiritual eres; escuchen, cuando actúas/eres/andas así, no estás en contacto con Dios. Martyn Lloyd-Jones dijo una vez que “Es el testimonio universal de los santos, de cristianos a través de los siglos, que el problema más grande que una persona tiene que enfrentar es el yo”. No recibimos el nuevo cuerpo hasta la resurrección. El “yo” siempre está ahí, tratando de asomar su desagradable cabeza. Cristiano, la batalla más grande que vas a enfrentar, no es con otros sino contigo mismo. Y entre más pronto nos demos cuenta de esto, mejor. El orgullo y el yo es lo que hizo caer a Satanás en la rebelión original. Y cuando Satanás hizo caer a la humanidad en el Huerto de Edén, su táctica fue apelar a su orgullo. “Y seréis como Dios”. Sé tu propio dios. No vivas para el Señor, decide tú lo que está bien y lo que está mal. Tú decides lo que puedes y no puedes hacer. Tú decide lo que es verdad y lo que no es verdad. Todo es orgullo. En realidad, todo pecado es producto de la soberbia y el yo. En Gálatas 6:14 el apóstol Pablo dijo: “Pero jamás acontezca que yo me gloríe, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. Pero ya sabes, lo que el diablo quiere que tú hagas es, él trata de burlarte y engañarte para que te gloríes en algo más. Y por lo tanto, en vez de desear y tener celos por que la alabanza sea para el Señor, terminas deseando con celo la alabanza a ti mismo. Tu carne lo anhela. Pero como cristianos, no debemos ser dominados por ello. En un extremo tienen a la persona más confiada y extrovertida montando un espectáculo de sus dones, delante de otros. Pero luego, en el otro extremo, tienes al ceñudo desagradable, la persona deprimida retirándose, pero ambos lo hacen con la intención de llamar la atención. El diablo puede tratar de hacer que te sientas orgulloso de tus dones. Este fue el problema en la iglesia de Corinto. Yo tengo este don, entonces aquellos que no lo tienen son cristianos inferiores a mí. “¿Pero qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas?” El diablo a veces intenta hacer que la gente se sienta orgullosa de sus habilidades musicales y de canto. Esperando que otros los alaben. “Ya saben, alargaré esa nota un poquito más, para que la gente pueda oír qué tan bella es mi voz”. Ya saben, varias personas en nuestra iglesia han dirigido la alabanza, o han tocado la guitarra para otros cristianos. ¿Te has encontrado alguna vez deseoso por recibir cumplidos? Muchos solo quieren entrar al ministerio y predicar porque, en círculos cristianos, parece ser una posición de afirmación. Saben, he perdido la cuenta de las veces que alguien se ha levantado para predicar hasta un mini sermón, quizás algo para los niños o incluso para leer los anuncios a la iglesia; no me malentiendan, no todos han hecho esto de esa manera, pero muy a menudo las personas se levantan llenas de orgullo. Emana de ellos casi como vapor queriendo que otros piensen que son el próximo Spurgeon ó lo que sea. Han perdido completamente de vista a las almas a las que predican. Tienen poca o ninguna carga por ellos. Solo se preocupan por lo bien que se verán, y que la gente piense que son grandes oradores. Saben, en ocasiones he dado a personas los anuncios para leer el domingo. Se preocupan tanto por tratar de no mirar la hoja, que al final dan anuncios totalmente diferentes. Recibo mensajes “¿Está prendido esto?” No importa, sólo son anuncios. Nadie debería subir al púlpito cuando están así. Y el diablo trata de engañar y hacer que un cristiano se sienta orgulloso de sus experiencias. Han tenido alguna gran experiencia espiritual en el pasado. Tal vez una verdadera de parte de Dios, o quizás una experiencia falsa del diablo. Pero el diablo trata de hacerles pensar que son superiores a otros cristianos debido a eso. Él trata de lograr que mires hacia abajo, y desprecies a los demás. Tal vez incluso intenta sugerirte falsedad; “Bueno, no son salvos si no han tenido esa experiencia porque hubieran tenido lo que tuviste tú”. O sea, solo hay cinco cristianos en el mundo. (risa) He visto personas que piensan de esa manera. A algunos, el diablo trata de engañarles y atacarles haciéndoles sentir orgullosos de lo maravillosos que son. Ya sabes, empiezas por hacer algo bueno, con un buen motivo de ayudar a las personas por amor. Pero luego el diablo viene y te susurra ”Si tan solo otros fueran más como tú. Oh!” (risa) “Este mundo sería un lugar tan mejor si todos se parecieran más a ti!” Deberías decirle: “Deberías ver mi vida de pensamientos, y a lo que realmente me parezco”. Por supuesto, él ya sabe cómo eres realmente. Él es un mentiroso. Pero esto es para hacer que desprecies a otros y empieces a murmurar, por no recibir la alabanza que crees que mereces. El maligno, incluso intenta engañar a cristianos para que se sientan orgullosos de su crecimiento espiritual. Luchas y peleas contra un cierto pecado que te acosa, y luego, un día por la gracia de Dios, después de muchos meses, o quizás después de un año o dos; ¡victoria! Superas ese pecado, Dios te concede la victoria en un momento. Entonces, lo que después sucede es, en lugar de ser comprensivo, compasivo, y paciente con otros que están pasando por las mismas batallas o luchas similares. Empiezas instantáneamente a juzgarlos, “Quizás ni siquiera son salvos”. Es semejante a la persona que es liberada de la masturbación o la pornografía por una semana, entonces publica un vídeo en YouTube condenando a los demás. Verás, el diablo pone pensamientos en tu cabeza apelando a tu orgullo, apelando a tu carne no redimida la cual quiere exaltarte. No quiere que tú alabes a Dios. No quiere que pienses: “Aparte de Él, soy nada”. El diablo quiere que tomes la gloria en tu crecimiento, para que menosprecies a otros. Quiero decir, a veces alguien hace algo como cristiano, por dos años, y ni siquiera se da cuenta que está mal, y luego aprenden que aquello es malo, dejan de hacerlo, pero inmediatamente después, “Oh! Tal y tal persona no son salvos porque hacen esto.” Y entonces el diablo intenta engañar a algunos cristianos para que se sientan orgullosos de su evangelismo. Están predicando, quizás al aire libre, y de repente tiene una multitud alrededor de ellos y dicen “¡Rápido! ¡Toma una foto de mí con toda esta gente! Apúrate, para que pueda publicarla en Internet,” esperando que la gente me vea como el próximo George Whitefield”. Alguien dijo: “Oh tal y tal persona dicen: ven, y tómame una foto mientras estoy con esta multitud”. Y pienso: “Bien, ese es el por qué no quiero tomar la foto, porque acaba de pedirla”. No tendremos el siguiente problema en nuestra iglesia porque todos salen a evangelizar. Pero lo he visto, he visto como una y otra vez en el evangelismo en la calle, donde empiezan a despreciar a otros en la iglesia quienes no lo hacen como ellos. ¿Qué es eso? Es orgullo. Pensando: “Soy superior, porque soy una boca. Tú eres un cristiano inferior, porque solo eres un dedo”. No dándose cuenta que Dios lo ha hecho para que haya diferentes partes del cuerpo, y todas son necesarias. El diablo también intenta hacer que la gente se sienta orgullosa de su intelecto. Algunos siempre están tratando de mostrar cuán ingeniosos son, con la esperanza que otros los alaben. El diablo intenta engañar a algunas personas para que se sientan orgullosas de su conocimiento cristiano. Algunas personas se jactan de cuántos libros de teología cristiana han leído. Existen dos grandes peligros aquí. Uno es convertirse en un cristiano teórico aquel que es como Locuacidad en el Progreso del Peregrino. Aquel que parece tener una respuesta para todo. O son cristianos parecidos a una torre de marfil. Se contentan de compilar pilas de conocimiento todo el tiempo. Mayormente sin ser capaces de ponerlo en práctica, o ni siquiera deseando hacerlo. Uno de los peligros de los seminarios, quiero decir, además de que no hay una base bíblica para ellos. y escuchen, no estoy diciendo que todos los seminarios sean malos o que lo sean las personas que asisten a ellos. Pero en su mayor parte, el seminario es adonde alguien sin la unción del Espíritu Santo va para tratar de obtener autoridad para predicar. Pero, ¿acaso no existe un peligro con eso? De cuánto alguien puede aprender en un salón de clase sin ser capaz de ponerlo en práctica. Porque lo único que hace es endurecer a uno mismo. Como si estuvieras escuchando sermón tras sermón tras sermón. ¿Cómo vas a ponerlo en práctica? Puedes sentarte a escuchar cinco sermones al día, pero si sólo estás aprendiendo algo y no puedes ponerlo en práctica, entonces solo te endureces a ello. Lloyd Jones habló de pastores que caen en la trampa de tratar de ser intelectuales, y son consumidos por ese deseo, tanto, que eventualmente terminan enseñando y dejan de predicar mensajes evangelísticos. Porque se han preocupado más por ser vistos como grandes maestros intelectuales que conocen unas cuantas palabras griegas, y pueden explicar las cosas con gran conocimiento, que preocuparse por las almas. He dicho esto antes, pero algunas veces los pastores se esconden detrás de clichés como “El trabajo principal de un pastor”, o dicen “La función primaria de una reunión de iglesia no es convertir a los perdidos, sino alimentar a las ovejas”. Cuántas veces he escuchado eso? Bien, escuchen, eso está bien, pero a menudo se usa como pretexto y así no ser evangelístico. Cuando observo los ministerios de Jesús y de Pablo en la Biblia los veo haciendo ambas cosas. Veo que eso es la énfasis de las epístolas pastorales. Quiero decir, número uno, el mensaje del Evangelio es la fuerza motriz y motivadora detrás de lo que hacemos como cristianos. Nunca jamás encuentras a Pablo exhortando a cristianos a hacer algo sin hacerle regresar a la cruz. Una vez que elimines/quites el mensaje del Evangelio, una vez que remuevas la cruz de la enseñanza, entonces terminas con solo una moralidad sin Cristo. Lo cual no es muy diferente a lo que el mundo tiene. Terminas siendo como un amish o un menonita. Así que predicar de forma evangelistica a los perdidos y enseñar a los cristianos cómo vivir, deberían ir de la mano, juntos. No debería ser uno o el otro. Cuando un pastor o una persona hacen excusas de por qué sus reuniones nunca son evangelísticas, hay un problema con eso. Pero en segundo lugar, según el Nuevo Testamento, algunos de estas ovejas aún necesitan ser salvadas. Incluyendo a algunos que están en las reuniones. Entre más grande se hace la iglesia, hay más personas ahí que necesitan ser salvadas. Por ende, tienes que predicar a ellos de modo evangelístico para traerlos a la grey. Siempre debemos tener esta preocupación por las almas. Pero otro truco del diablo es que intenta engañar a los cristianos para que se obsesionen por solo una parte de la verdad. Cuántas veces has visto esto, personas que solo hablan de una parte de la verdad. Ya sea el calvinismo, la creación, o la familia. La profecía de los últimos tiempos. La santificación es otra. La gente solo querrá hablar sobre la enseñanza específica que ha aprendido acerca de la santidad. “Ya me deshice de esto y aquello”. Y entonces todos pierden de vista el Evangelio. Perdieron la sencillez que hay en Jesucristo. Hay algunos que son víctimas de esto. En vez de salir a predicar el Evangelio, procuran convertir a la gente al calvinismo. ¿Por qué entrar en un debate en la calle sobre el T.U.L.I.P o lo que sea, cuando la persona ni siquiera es salva? Hay otros que están engañados por las artimañas del diablo, al creer que cada problema en la iglesia profesante hoy día se debe a la evolución. O algunos creen que cada problema en la iglesia hoy se debe al descuido de la familia. No, el problema es que no conocen el Evangelio. No es que las otras cosas no sean importantes. El problema con la mayoría de las personas que se congregan hoy día es que no conocen a Cristo. Búscalo primeramente y todo lo demás caerá en su lugar. El resultado final de todo esto es personas que terminan jactándose en algo que no sea el Señor Jesucristo. Terminan mirando despectivamente a quienes no ven las cosas a la manera de ellos, con la cual están obsesionados. Así como muchos vuelven atrás, y empiezan a confiar en sus obras o experiencias. Hay muchos que empiezan a depender de su conocimiento religioso acerca de una doctrina en particular. “No, ¡claro que soy salvo! ¡Creo en los cinco puntos!” “Ciertamente soy salvo, creo en una creación de seis días”. “Yo sé que la oración del pecador no es bíblico”. “He memorizado las diez acusaciones de Paul Washer”. Piensan que “porque puedo destacar todos los problemas del cristianismo, entonces estoy bien”. Ese es otro truco del diablo, donde él envanece a la gente con orgullo, donde hay algunos que les encanta la predicación dura y enérgica, solo en la medida en la que el predicador condene a otros. “Oh, este predicador dio en el blanco. Tal y tal persona necesitan escuchar esto”. “Tendrán su merecido si escuchan a este sermón”. Pero tan pronto como el predicador toque su ídolo, oh, es otra cosa. “Oh, ya no voy a asistir al estudio bíblico”. “No voy a prestar atención a eso”. En todo tu aprendizaje de doctrina bíblica, de enseñanzas bíblicas, y todos tus estudios de la Biblia, una prueba para ti es: ¿Resulta tu conocimiento en que ames y alabes a Dios y sirvas más a otros? ¿Te está haciendo más humilde? ¿Te acerca más a la persona de Jesucristo, o solo hace que te distraigas con una parte de la verdad? ¿Acaso te estás volviendo orgulloso de tu conocimiento, despreciando a otros que no pueden ver las cosas exactamente como tú? Otra forma en la que el diablo trata de manipular nuestro orgullo es preocupándote con lo que otros puedan pensar de ti. Incluso cuando estaba preparando el sermón anterior, cuando estaba pensando un poco sobre el seminario, el diablo está ahí acosándome. “Nunca predicarás en un seminario si dices cosas así”. El diablo intenta hacer que algunas personas se sientan orgullosas, incluso en sus pecados pasados. En lugar de dar testimonios, dan fanfarronerías, y empiezan a exagerar cuán malos eran a fin de impresionar a otros. Hablamos de esto anoche en el estudio bíblico para alumnos en la universidad. Últimamente, 9 de 10 testimonios que he visto dado por hombres, todos parecen ser vendedores de drogas. Consiguieron drogas unas cuantas veces por sus amigos, y los hermanos, cuando dan sus testimonios, “Ah, yo fui vendedor de drogas”. (risa) O el otro que dicen, “Oh sí, estuve con tantas chicas”, ¡Hablan como si lo echaran de menos! Pero todo proviene del orgullo. En algunos círculos, entre más malo sea tu testimonio más te aplauden y piensan “¡Wow! ¿Cúándo sale tu libro?” Entonces aquellos que buscan una reputación, empiezan a pintar el suyo más negro. Martyn Lloyd-Jones dijo que una vez estuvo en una reunión y un señor se levantó para dar su testimonio, y decía: "Hice este acto perverso y esto" y justo cuando piensas que no puede ser peor, “Oh, e hice esto también,” y él siguió y siguió. Entonces el siguiente señor se pone de pie para dar el siguiente testimonio, y dice: “Comparado conmigo, él ni siquiera sabe lo que es el pecado”. ¡Es increíble! Una palabra prudente, hermanos, cuando dan sus testimonios, no tienen que compartir todos los detalles. Ten cuidado de que no haces tropezar a otros, y hacerles entrar en tentación con las descripciones de tus pecados. Sé lo más vago que necesitas ser. Sobre algunas cosas la Biblia dice que es vergonzoso hablar. No exageres tu testimonio de ninguna manera. ¿Dónde está la gloria en eso? Existen muchas otras maneras en las que el diablo intentará hacer que busques reconocimiento. Pero todo esto yace de un deseo por preeminencia. Como Diótrefes, al cual le gusta tener la preeminencia entre ellos. Quien siempre quería el primer lugar. Como el fariseo orando en la calle, esperando que los hombres lo vean. Ves, ese es otro susurro del diablo. “Lo que la gente pensará” todo el tiempo. Miren el versículo 8 aquí en 1 Corintios 12 (NOTA: es cap. 4). Consideren el resultado de caer en orgullo. “Ya estáis saciados”. Pablo dice con sarcasmo, “Ya os habéis hecho ricos”. “Ya habéis llegado a reinar sin necesidad de nosotros”. Ya ves, este es el peligro del orgullo. Este es el peligro de gloriarse en sí mismo, en todas estas formas, te vuelves como los laodiceanos, y te crees rico cuando en realidad no tienes nada. Y mientras te crees ser muy grande/genial Jesús te mira y Él quiere vomitar. Ese es la verdadera imagen. El orgullo te hace autosuficiente y te aleja de Dios. Y hermanos, mediten en esto. Cuando tratas de ponerte siempre por delante de otros y tratas siempre de engañarlos para que crean que eres más espiritual de lo que realmente eres, cuando haces cosas y dices cosas, como un fariseo, esperando que la gente piense “Wow, miren cuán santo y bueno es fulano de tal”. Pero piénsalo, el hecho es, si supieran de tus pensamientos, si supieran de tus secretos oscuros. Probablemente incluso lo que pensaste de ellos en las últimas horas y semanas, no dudaría en que ellos estarían muy impresionados. Debes gloriarte solo en Cristo. Esto debe llevarte a jactarte en Él. En Mateo 18:3 nuestro Señor Jesús dijo a Sus discípulos ahí: “En verdad os digo que si no os volvéis,” o, “Si no os convertís, “y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” “Así pues, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.” Ahora, ese texto ahí a menudo se emplea en términos de la justificación en el evangelismo. Y es verdad que uno necesita convertirse y humillarse para ser salvado. Pero ese no es el significado y uso primario de ese texto. Porque en el contexto, Jesús lo está diciendo a Sus discípulos. Personas ya salvadas. Ya ves, el contexto ahí es, mientras están discutiendo justo antes en Mateo 18:1, “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?” “¿Cuál de nosotros va a tomar primer lugar?” Están buscando la preeminencia. Jesús dice que el reino de Dios no es así. No es como el mundo. Esos versículos no se tratan de la justificación, sino de la santificación. La idea ahí es, a menos que te conviertas más. Así como, sin santidad, nadie verá al Señor. A menos que crezcas en humildad, ahí está la idea. A menos que crucifiques tu orgullo. A medida que el cristiano crece, y se vuelve más semejante a Cristo, se vuelve menos orgulloso, y menos egoísta. Te vuelves más humilde. Considera el apóstol Pablo. Si alguien tiene algo de qué jactarse, en cuanto a lo que hizo en su vida cristiana, era él. Quiero decir, él escribió casi la mitad del Nuevo Testamento. Y sin embargo, no era egoísta, buscando la aprobación del hombre. Él se consideraba el menor de los apóstoles. Ya ves, es ahí a dónde llegas en el crecimiento. Como dice en Filipenses 2:3 “Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en vosotros esta actitud, que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Así pues, el remedio de todo esto. Es importante que veamos esto. Quiero deshacerme de ello. El remedio; Número uno: Darnos cuenta que no tenemos nada en nosotros de qué jactarnos. El gran jugador de baloncesto, que se jacta de de lo bueno que es. Como si él se hubiera dado así mismo sus 7 pies de altura. Pero escuchen, somos pecadores salvados por gracia. Como hemos aprendido recientemente de Romanos 1 y 2, todos éramos igualmente viles ante Dios, y igualmente condenados y merecedores de Su ira. Así que nos damos cuenta de que la verdad por sí sola debería evitar que nuestras bocas se jacten y evitar gloriarnos en nosotros mismos. Darnos cuenta de esta verdad debería cerrar nuestras bocas. Es cuando nos olvidamos de dónde hemos venido. Darnos cuenta de esa verdad debería hacer que solo queramos gloriarnos en el Señor Jesucristo, decir “¡Amor tan profundo! ¿Cómo puede ser?” Que Tú mi Dios mueras por mí?” ¡Incluso por mí! Y número dos: Nuestro texto dice aquí en 1 Corintios 4, “¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas?” Ten en cuenta que si hay algo bueno en ti, cualquier cosa buena, se debe solo a la gracia de Dios. Ten en cuenta que puedes caer tan fácilmente como la próxima persona. “El que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga.” Cuando ves a otra persona caer, enójate contra el pecado; no hagas excusas por el pecado, pero no te enorgullezcas y seas falto de compasión. Sé como John Bradford diciendo: “Pero por la gracia de Dios, allí voy”. Número tres: Ten en cuenta que en la economía de Dios, los últimos serán primeros, y los primeros, últimos. El que siempre es egoísta, buscando la preeminencia, buscando extender su propia ambición personal, en esta vida, es el último en la economía de Dios. Ten en cuenta que cuando haces algo y dices algo a fin de buscar alabanza/elogios y el reconocimiento de los hombres, Jesús mira eso, El que cuenta, mira eso, y no le impresiona. Así como dijo a la iglesia en Laodicea: “Me hace vomitar”. El mundo caído va en pos de los títulos y los mejores mantos, deseando la alabanza de los hombres. Pero no es así en el reino de Dios. Ten en cuenta que crecer en humildad, ser crucificado al mundo, es el verdadero crecimiento cristiano. Ahí ser crucificado al mundo no significa que tires la tele, aunque sería mejor que no miraras ciertas cosas. Pero la idea ahí es simplemente el orgullo de la vida. Deseando el primer lugar en el mundo todo el tiempo. No haciendo show. No pretendiendo delante de los hombres para que crean que eres más espiritual. Número cuatro: Sigue el ejemplo de Jesús. Se preocupaba de la gloria de Su Padre. Ni siquiera Cristo se agradó a sí mismo. Se preocubaba de honrar a Su Padre en todo lo que hizo. Esa debería ser tu pregunta. “¿Cómo puedo honrar al Señor en esto?” Sé como Spurgeon, que solía decir “mi Maestro”. Se consideraba a sí mismo el esclavo de su maestro. Crucificado a su propia voluntad, pero haciendo la voluntad de su maestro. Número cinco: Mira el ejemplo de Pablo en estos versículos aquí. “En cuanto a mí, es de poca importancia que yo sea juzgado por vosotros, o por cualquier tribunal humano”. Por supuesto como cristiano procuraba hacer buenas obras delante de los hombres, para que su Padre en los cielos fuera glorificado. Él quería mantener un testimonio intachable, era cauteloso. Pero no vivía bajo el miedo de las opiniones y críticas de los demás. “¡Oh! ¿Qué pensará la gente?” “Es de poca importancia” lo que ustedes piensan, esa es la idea aquí. ¿Es de poca importancia para ti? Ni aun yo me juzgo a mí mismo, no se consumía con cada detalle minucioso. Versículo 4: “Porque no estoy consciente de nada en contra mía”. Vivía con una conciencia limpia. “Mas no por eso estoy sin culpa.” “Pues el que me juzga es el Señor.” Eso es lo que cuenta, sabes, lo que piensa el Señor. A Él deberías querer impresionar en lo que haces. Tu maestro, cuando Él regrese a casa, que sea Él quien te alaba. Que diga: “Bien, siervo bueno y fiel.” Necesitamos buscar la alabanza de Él. Que seamos como José, “¿Cómo puedo cometer este pecado?” Él tenía el sentido de la presencia de Dios sobre él, Quiero decir, que Dios estaba presente. Entonces, ¿cómo podría pecar así? Por un lado, contra otros, pero por otro lado, ¿contra Dios? Oremos. Padre, oro que por medio de esta palabra nos ayudes a ser sabios en cuanto a las artimañas del diablo, y sus sutiles sugerencias de adulación. Donde intenta hacer que nos jactemos en otras cosas fuera de Ti. Ayúdanos a gloriarnos en ti, Señor. Y amarte con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas, y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. O Señor, que seamos cada vez más como niños. Que crucifiquemos la carne y todos sus deseos por la preeminencia. Que nos preocupemos de lo que tú piensas porque Tú eres lo que importa. Que hagamos buenas obras solo para ti, y para que la gente te honre, y por amor a la gente. Motivos genuinos, no lo que recibimos nosotros. Te alabamos y te agradecemos por el ejemplo de Cristo. En el nombre de Jesús, amén. Están despedidos.