¿Bautismo o Cristo?

No hace mucho, un amigo mío se convirtió. No digo que “hizo una decisión” o “que tuvo una experiencia emocional”. No, ¡esto fue un milagro! Después de años de vagar en oscuridad espiritual, sin importarle nada de las cosas de Dios, fue maravillosamente detenido por el Cristo resucitado y transformado por el poder de lo alto. En las palabras de Pablo, él fue hecho “una nueva creación” en la cual “las cosas viejas pasaron y todo se hizo nuevo”. Las cosas que amaba, ya no amaba; las cosas que odiaba, ahora amaba. Cristo y Su palabra se convirtieron en algo sumamente precioso para él y podía decir con el hombre de Juan 9: “Una cosa sé: que mientras antes era ciego, ahora veo”. Con este nuevo amor a Dios llegó un deseo y poder para romper con el pecado, que nunca antes había conocido.

Qué asombroso, entonces, cuando a la luz de todo esto, un tiempo después, alguien le dijo (alguien que profesaba el nombre de Cristo) que no era posible que fuera creyente. No, él todavía estaba “muerto en sus pecados” y bajo la ira de Dios. ¿Y por qué razón? Pues, ¡él no se había bautizado todavía! “De acuerdo a la Biblia”, le dijeron “los pecados de un hombre no han sido lavados a menos que se haya bautizado”. No importa que haya evidencia de la presencia viva del Espíritu Santo en una persona, ni que haya señales de la vida de Dios en el alma del hombre; todas estas son catalogadas como falsas y engañosas porque el nuevo creyente todavía no ha tenido su cuerpo puesto en el agua.

Ahora, el hecho que esto enseña, aun en círculos ortodoxos cristianos, no sería de mucha importancia si fuera la verdad cristiana simplemente tomada de otro punto de vista diferente. Pero ese no es el caso. Lo que tenemos aquí no es una cuestión de entender el verdadero evangelio de otro punto de vista diferente; es un “evangelio” completamente diferente: un evangelio falso. En otras palabras, estamos tratando aquí, no con la diferencia entre una manzana roja y una verde, pero con la diferencia entre una manzana y un tomate. Aquí hay dos mensajes completamente diferentes, que pueden guiar a dos destinos completamente diferentes.

SALVACION POR OBRAS

¿Por qué es así? ¿Qué es lo que pone al mensaje del “perdón bautismal” en una categoría diferente al evangelio verdadero? La respuesta a esta pregunta no es difícil de encontrar: La Biblia enseña que el hombre es justificado únicamente por medio de la fe, y es así una proclamación de “salvación por la fe”. En cambio, el mensaje del “perdón bautismal” enseña que los hombres son justificados por “la fe más la obediencia”, y por ser una proclamación de “salvación por la fe más obediencia” y es así una proclamación de “salvación por las obras”. Ahora los promulgadores del “perdón bautismal” insistirán inmediatamente que este no es el caso – que su mensaje no es de “salvación por obras”, pero, no obstante, las Escrituras muestran claramente que es así. Podríamos literalmente citar cientos de pasajes de la Biblia para demostrarlo (por ejemplo Juan 3:14-18; 5:24; 6:47; Hechos 16:30-31; Romanos 1:16-17; 3: 21-22; 5:1; 9:30-33; 10: 1-13; 1a de Corintios 1:21; Gálatas 2:16, 3:1-4; Efesios 2:8; Filipenses 3:8-9; 1a de Pedro 2:6-8; 1a de Juan 5:1) pero debemos contentarnos con citar sólo uno, el cual es ilustrativo del resto – Romanos 3:28: “Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley”. Es importante notar al comienzo que aquí, en este pasaje, se enseña que la justificación es por la fe únicamente; y específicamente se dice ser “aparte de” o “sin obras”. De hecho, la fe debe estar sola, o no es “fe” en el sentido Bíblico de la palabra. La idea de “creer en Cristo” significa que confiamos en Él como el Único que ha completado la “obra” de la salvación, así que ya no hay nada que nos queda por hacer. “Mas al que no trabaja, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia. Como también David habla de la bendición que viene sobre el hombre a quien Dios atribuye justicia aparte de las obras” (Romanos 4:5-6). La fe y las obras pertenecen a dos categorías mutualmente exclusivas relacionadas al perdón de Dios hacia los hombres. Por lo tanto, cuando los “judaizantes” en Gálatas trataron de enseñar que los hombres son justificados por “la fe más la circuncisión”, Pablo los condenó como “hermanos falsos” (Gálatas 2:4), enseñando un “evangelio” falso (Gálatas 1:6-9) y les pronunció unas maldiciones muy fuertes (Gálatas 5:12; 1:8-9). Añadirles “obras” a la “fe” en cualquier medida, es entonces, de acuerdo a la Biblia, creer en “salvación por obras” y es ponerse bajo esa maldición. (Véase Gálatas, capítulos 1-6). “Mantenemos, entonces, que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley”.

Sí”, dirá alguno, “pero Pablo hablaba aquí sólo de las obras de la ley de Moisés, no de las obras de obediencia a Cristo. Es verdad que no podemos ser justificados por la fe más el guardar la ley de Moisés, pero podemos ser justificados por la fe más obediencia a los mandamientos de Cristo”. ¡Nada puede ser más falso! Cuando Pablo se propuso a contrastar la “salvación por la fe” con la “salvación por obras”, no se limitó a las obras de la ley de Moisés, en ningún momento. A menudo el dio un trato especial a las obras de la ley de Moisés, porque era “la traba religiosa” particular de su día. Pero cuando Pablo dijo que la justificación es por la fe y que las “obras” no tienen ninguna parte en ella, está hablando de todas las actividades humanas o cualquier bien que el ser humano pueda hacer. Considera, por ejemplo en Romanos 9:11, “Porque aun cuando los mellizos no habían nacido, y no habían hecho nada, ni bueno ni malo, para que el propósito de Dios conforme a su elección permaneciera, no por las obras, sino por aquel que llama”. ¿Qué quiere decir Pablo cuando usa el término “obras”? La respuesta se encuentra en el versículo mismo. Por “obras” Pablo significa “haciendo cualquier cosa, buena o mala”. O considera en 2a de Timoteo 1:9, “Quien nos ha salvado y nos ha llamado con un llamamiento santo, no según nuestras obras, sino según su propósito y según la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad”. Aquí “nuestras obras” son contrastadas con “los propios propósitos y gracia de Dios”. ¿Qué son “obras” entonces? No son las acciones de la Ley de Moisés únicamente, sino toda cosa que existe en el ámbito de las actividades e iniciativas humanas. Aun hechos verdaderamente justos quedan eliminados. “Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia”. (Tito 3:5) Nuevamente, podríamos citar versículo tras versículo. Es obvio entonces, que Pablo quiso que sus palabras fueran aplicadas a toda ceremonia religiosa o mandamientos que el hombre añada a la fe como una condición de justificación, no sólo los que resultaban ser las trabas religiosas de su día.

NO “LA FE DE DEMONIOS”
Pero,” alguien protestará, “Santiago enseña que no somos salvos por la fe únicamente” (Véase Santiago 2:14-26). Y por supuesto esto es verdad. Pero el tipo de “fe” a la que se refiere Santiago es un mero asentimiento, algo que aun los demonios tienen (Santiago 2:19). Santiago enfatiza que la fe que verdaderamente salva es mucho más que sólo un asentimiento mental y emocional. Porque siempre incluye una renovación completa de la mente (“arrepentimiento”) y es el resultado de una revelación sobrenatural de Cristo al corazón (Mateo 16:15-17; 2a de Corintios 4:3-6; Mateo 11:25-26). La fe que salva inevitablemente lleva a una vida de obediencia a Dios. Cuando Santiago dice que Abraham fue “justificado por las obras cuando ofreció a Isaac,” él no quiere decir que los pecados de Abraham no fueron perdonados hasta ese momento. (Pablo lo hace muy claro que Abraham fue justificado mucho antes de que fuera circuncidado, y ¡definitivamente antes de que ofreciera a Isaac! (Véase Romanos 4:9-11; Génesis 15:6; 17:10; 22:1). ¿Entonces, qué es lo que dice Santiago? Él simplemente dice que la fe que justifica, siempre se manifiesta por las obras. Es “perfeccionada”, “realizada”, y vindicada por las obras. En las palabras de Juan, “El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él” (1a de Juan 2:4). El verdadero creyente desea obedecer los mandamientos de Cristo, incluyendo el mandamiento de ser bautizado. Pero note aquí que las buenas obras son el resultado (Efesios 2:10), no la causa (Efesios 2:8-9) de la salvación en Cristo.

¿QUE ES LA FE?
Pero aun si usted dice que el hombre es salvo por ‘la fe únicamente,’ ¿no es el ‘creer’ otro tipo de ‘obra’ – algo que el hombre hace en obediencia a Cristo y como tal obtiene el favor de Dios?” ¡Absolutamente no! Cuando Dios pronuncia que el pecador arrepentido es “justo” ante Sus ojos, ¡Él está mirando a la sangre y el mérito de Cristo, no a la fe del hombre! El evangelio no es una “nueva ley,” una serie de pasos “1, 2, 3” que el hombre obedece de manera confiada para “ser salvo”. Al contrario, la idea de “creer en Cristo” consiste en abandonar a todos nuestros “hechos” y “habilidades”. La fe que justifica, en esencia, es dependencia en Otro. Es la actitud de alguien quien ha abandonado la esperanza de que haya algo virtuoso en sí – incluyendo su propio “creer”, “arrepentirse’, u “obedecer”- y que entonces ha mirado entera y completamente al Otro para su salvación. La fe es la desesperación propia dirigida hacia Dios. Es la mirada impotente del alma hacia el Salvador.

El Señor Jesucristo da una gloriosa ilustración de lo que es la fe en Juan 3:14-15. En este pasaje explica la fe que salva en términos de la serpiente en el desierto (Números 21:4-9). Así como la serpiente fue levantada en el desierto por Moisés para que los hombres y mujeres la miraran y fueran salvados, así Jesús sería levantado en la cruz para que el que creyera en Él (es decir “mirara” a Él) pudiera tener vida eterna. ¿Cómo fueron los hombres salvados en relación a la serpiente? ¿Por “mirar a las serpientes más hacer buenas obras?” ¿Por “mirar más bautizarse”? No, por “mirar” solamente. “…Todo el que… la mire, vivirá” (Números 21:8). Además, puesto que la fe es la mirada del alma a Cristo, es imposible ejercitar la fe bíblica y mirarse a sí mismo al mismo tiempo. Aquellos que ponen su confianza en todo menos Cristo, ya sea su supuesta “fe” o su “arrepentimiento” emocional o su “bautismo de obediencia”, todavía están confiando en sus propias obras y seguramente irán al infierno.

ALGUNOS EJEMPLOS PARTICULARES
A la luz de estos grandes principios generales enseñados a través de la Biblia con respecto al método de la salvación, es asombroso que alguien malinterprete los pasajes de las Escrituras particularmente relacionadas al bautismo. Estos pasajes han sido mal interpretados, sin embargo necesitamos en el espacio que queda, tratar brevemente con algunos de ellos. El método común de aquellos que creen en el perdón bautismal es ignorar las grandes secciones doctrinales de las Escrituras que tratan de manera específica y profunda con el método de la justificación (por ejemplo: Romanos 1:16-4:25; Gálatas 2:11-3:29), y acudir al libro de Hechos que detalla la historia de diferentes conversiones. Por el hecho de que el bautismo de recién convertidos está mencionado específicamente en la mayoría de los casos, no es difícil encontrar una lista impresionante de conversiones en el Nuevo Testamento, todas las cuales usando la palabra “bautismo”. (Este es precisamente el mismo método usado por aquellos que desean probar que las “lenguas” son la “evidencia verdadera” del derrame del Espíritu Santo).

¿Pero enseña realmente el libro de Hechos que el hombre debe ser bautizado para ser salvo? La respuesta a esa pregunta es un rotundo “no”. Considere, por ejemplo, el caso de Cornelio y sus amigos (Hechos 10:44-48; 11:12-18; 15:7-9). “Mientras Pedro aún hablaba estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban el mensaje”. Uno puede imaginarse la locura de tratar de convencer a esos creyentes llenos del Espíritu Santo que estaban “hablando en lenguas y exaltando a Dios” que todavía estaban muertos en sus pecados por no haber sido bautizados todavía. La Biblia no deja lugar a ninguna duda de que esas personas habían sido verdaderamente salvadas antes del bautismo. Habían recibido el “don” del Espíritu Santo “tal como los apóstoles” (Hechos 10:45, 47). Pedro entiende que este era el “mismo don” que Cristo había prometido (Hechos 11:15-16) y el que había sido dado anteriormente a los mismos apóstoles “después de creer en el Señor Jesucristo”. Cuando los discípulos en Jerusalén oyeron que el Espíritu había caído sobre ellos, concluyeron que Dios había “concedido a los Gentiles el arrepentimiento que conduce a la vida” (Hechos 11:18). Y Pedro, hablando luego de este incidente, considera que el don del Espíritu Santo es una evidencia que “Dios, que conoce el corazón” estaba “dándoles testimonio” y no hace “ninguna distinción” entre los “creyentes judíos” y ellos, “purificando por la fe sus corazones” (Hechos 15:7-9). Como tal, fue por la caída del Espíritu de Dios sobre Cornelio y sus amigos que Pedro dio como razón por la cual debían ser bautizados (Hechos 10: 47-48). Ahora, si el bautismo no es necesario para la salvación ¿cómo pueden algunos enseñar que lo es?

LA CONVERSION DE PABLO
Pero consideremos otro ejemplo del libro de Hechos: la conversión de Pablo (Hechos 9:22, 26). Los que creen en el perdón bautismal a menudo apelan al pasaje en Hechos 22:16, esforzándose a comprobar su posición (“Levántate y sé bautizado, y lava tus pecados invocando su nombre”), insisten en que la frase: “lava tus pecados” debe ser tomada de manera literal. En otras palabras, cuando Ananías le dice a Pablo “Sé bautizado y lava tus pecados, no se refiere a lo que el bautismo significa y simboliza, (el lavado interno de los pecados por la sangre de Jesús), pero lo que el bautismo realmente hace. Sabemos que es imposible que esta sea la interpretación de este versículo a la luz de las Escrituras que hemos examinado. (Y exactamente lo mismo se ve aquí que en la otra ordenanza del Nuevo Testamento: la “Cena del Señor”. Cuando Jesús dice: “Este es Mi cuerpo…”, sabemos por todo el contenido de las Escrituras que Sus palabras no se deben tomar al pie de la letra, aunque muchos insisten en interpretarlo así.) Sin embargo, si estudiamos cuidadosamente las circunstancias que rodean al contacto de Pablo con Ananías encontramos que aun este pasaje de las Escrituras señala en la dirección opuesta del perdón bautismal. ¿Qué pasó antes del bautismo de Pablo? Ananías “entró a la casa y después de poner sus manos sobre él dijo: ‘Hermano Saulo, el Señor Jesús… me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo’” (Hechos 9:17). Consideremos estas palabras acerca del propósito por el cual Ananías puso las manos sobre Pablo, especialmente a la luz de pasajes tales como Hechos 8:14-19 y Hechos 19:6. La evidencia es muy fuerte, y es cierto que Pablo fue llenado por el Espíritu Santo cuando Ananías puso sus manos sobre él y a la misma vez recibió su vista. En otras palabras, la conversión de Pablo sigue el mismo modelo que la de Cornelio: él era hijo de Dios y recibió la plenitud del Espíritu Santo antes de ser bautizado.

LOS EVANGELIOS
Hay otros libros en el Nuevo Testamento aparte de los Hechos, sin embargo, que nos dan relatos históricos de las conversiones de individuos, y estos libros son los Evangelios. ¿Qué encontramos en los Evangelios acerca de la necesidad del bautismo? ¡Exactamente lo mismo que en el libro de los Hechos! Jesús le dice a la gente que sus “pecados son perdonados” sin decir una palabra acerca del bautismo. (Véase, por ejemplo, Lucas 5:20; 7:48.) Es importante darse cuenta aquí que la práctica del bautismo ya ha sido confirmada por Jesús mismo (Juan 3:22; 4:1-2). (¡No fue inventado en el día de Pentecostés!) Entonces esta sería la oportunidad perfecta para insistir en el bautismo antes de pronunciar el perdón. En vez de eso, Él dijo: “Tu fe te ha salvado; ve en paz” (Lucas 7:50).

Otro ejemplo fue dado en el caso del recaudador de impuestos que gritó en desesperación: “Dios ten misericordia de mí, el pecador”. “Este hombre fue a su casa justificado”- sin ser bautizado (Lucas 18:13-14). Uno también puede pensar en el ladrón en la cruz, que hubiera haber estado en una terrible condición si no hubiera podido ser salvado aparte del bautismo. ¡Qué consolación para el enfermo y el frágil (para quien el bautismo es a menudo peligroso o imposible) saber que puede encontrar el perdón del Salvador de la misma manera que este ladrón lo encontró, simplemente por clamar al Señor por misericordia! (Lucas 23:42-43).

EL ANTIGUO TESTAMENTO
Pero no está sólo en los Evangelios y en el libro de los Hechos que la gente es salvada solo por la fe, aparte del bautismo u otras obras. El camino de la salvación ha sido siempre igual, desde el comienzo de la Biblia hasta el final. Aun la gente en el Antiguo Testamento no fueron salvas por obras como algunos suponen, sino totalmente por la fe. Esto es enfatizado en pasajes tales como Romanos 4:1-12 y Hebreos 10:36-12:2. En Romanos 4:1-12, el propósito de hacer notar los casos de Abraham y David es demostrar que el camino de la salvación por la fe, el cual él predicaba, no es algo nuevo, sino la manera por la cual los hombres y mujeres siempre han sido salvados. Esto es verdad ya sea que hayan vivido antes de la ley de Moisés (como Abraham) o bajo la ley de Moisés (como David). Los versículos 3,5 y 6 no pueden ser más claros en su enseñanza acerca del camino de la salvación durante el período del Antiguo Testamento.

Pero ¿qué decimos de la circuncisión? ¿Qué papel tenía la circuncisión en la justificación del creyente ante Dios en el Antiguo Testamento? ¡Ninguno! A Abraham le fue contado por justicia ante Dios por la fe únicamente, mucho antes de haber sido circuncidado (Romanos 4:9-10; Gen. 15:6; 17:10) La circuncisión era una señal y sello de la justicia ya poseída mientras era incircunciso. (Romanos 4:11) Ahora, así como la circuncisión era la señal del pacto del Antiguo Testamento, el bautismo es la señal del pacto del Nuevo Testamento (Colosenses 2:11-12). ¿No es asombroso, entonces, que aquellos que vivieron bajo la Ley de Moisés pudieron ser justificados aparte de la circuncisión u cualquier otra obra, y sin embargo, algunos nos dicen que los que viven bajo el Evangelio del Reino deben ser bautizados antes de que puedan ser salvos? Parecería que tales individuos viven en un período de menos gracia que en el Antiguo Testamento, en vez de más gracia, como nos dice la Biblia. ¿Y no es Dios el mismo “ayer, hoy y para siempre”? ¿Cómo, entonces, puede cambiar algo tan básico y tan importante como el camino de la salvación? En efecto, ¿por qué apelaría Pablo a los casos de Abraham y David, sino porque fueron salvados en exactamente el mismo modo que nosotros somos salvados?

Como ya hemos visto, la intención de Dios al dar la circuncisión fue darla como una “señal” y un “sello” de la justicia que Abraham ya poseía cuando todavía era incircunciso. En Colosenses 2:11, recibimos más entendimiento a lo que la circuncisión simboliza. Fue una eliminación externa de carne física que ilustraba “la circuncisión del corazón” y “el despojarse del viejo hombre” (Véase también Romanos 2:28-29; Hechos 7:51; Jeremías 4:4; Deuteronomio 30:6, etc.). Por lo tanto, si la circuncisión, la señal del pacto del Antiguo Testamento fue dada con la intención de ser una señal y un sello, ¿no es razonable suponer que el bautismo, la señal del Nuevo Testamento, también fue dada con la intención de ser una señal y un sello? Y en realidad, ¿no es esto exactamente lo que encontramos en las enseñanzas de Colosenses 2? Después de explicar el simbolismo involucrado en la circuncisión (v 11), Pablo inmediatamente presenta el simbolismo del bautismo (v. 12). ¿Qué significa el bautismo, entonces? Significa el entierro y resurrección del creyente con Cristo. El creyente se sumerge en el agua como una ilustración de su entierro con Cristo (Véase también Romanos 6:3-4). Nuevamente, los que enseñan el perdón bautismal insisten que esto no es meramente una ilustración presentada en el bautismo, sino una realidad actual de lo que ocurre. Confiamos que se ha dicho lo suficiente ya para mostrar el error de tal interpretación. Pablo no le dio tanta importancia al bautismo como tales personas quieren pensar que lo hizo. Cuando les escribió a los corintios, les dijo que él fue mandado “no para bautizar, sino a predicar el evangelio”. ¡Ni se acordaba por seguro a quien había bautizado! Estas no son las palabras de un hombre que cree que el bautismo limpia los pecados.

“PASAJES PROBLEMÁTICOS”
¿Y qué de los pasajes que se utilizan para enseñar el perdón bautismal? Varios ya han sido mencionados en la discusión anterior. El buscador honesto encontrará que muchos de los otros pasajes no tienen ninguna relación al bautismo de agua. Por ejemplo, la palabra “bautismo” es a menudo usada en referencia al derrame del Espíritu Santo, una de las marcas distintivas del Nuevo Pacto (Mateo 3:11; Hechos 1:4-5; Gálatas 3:2-5). Pruebas y el sufrimiento también se describen como “bautismo” (Lucas 12:49-50; Marcos 10:38-39; Mateo 3:11). La palabra “agua”, también se usa en una manera simbólica y representa al Espíritu Santo o al lavamiento por la Palabra de Dios (Juan 4:14; 7:37-39; 13:5-11; 15:3; 17:17, con Efesios 5:26). Lo mismo es verdad cuando la Biblia habla del “lavamiento”. (Juan 13:5-11; 15:3, etc., con 1a de Corintios 6:11; Tito 3:5)

Pasajes tales como Marcos 16:16 tampoco son difíciles de entender. El bautismo se menciona aquí al mismo tiempo que creer porque el bautismo es una parte integrante de lo que quiere decir ser un discípulo y seguir a Cristo. Es uno de los primeros pasos de obediencia a Cristo y es el rito de iniciación, por así decirlo, a través del cual el nuevo creyente es recibido oficialmente en la compañía de la iglesia. Había muchos en el tiempo de Jesús que estaban dispuestos a “creer” en Él secretamente, porque temían al hombre (Ver Juan 12:42-43; Juan 2:23-25). Era un acto humillante y costoso, y sin embargo, a menudo la prueba de fuego de una persona para ver si su “fe” era verdadera fe que salva o un mero “asentimiento mental” tal como nos advirtió Santiago. Por esta razón, Jesús detalló una de las condiciones del discipulado cuando estaba dando la Gran Comisión. “El que ha creído y ha sido bautizado será salvo” (Marcos 16:16). Pero nota el paralelo contrastante: “Pero el que no crea será condenado”. Jesús no dice: “El que no sea bautizado será condenado”. Porque el bautismo no tiene nada que ver con el propósito verdadero de lo que Él estaba diciendo.

Otro pasaje en la misma categoría de Marcos 16:16 es Hechos 2:38: “Arrepentíos, y bautícese”. Pedro les dice a aquellos que hacía un corto tiempo habían estado burlándose y persiguiendo a la iglesia. En otras palabras, si querían estar bien con Dios, debían no sólo “hacer una decisión” o decir que habían “creído”, sino que debían hacer la media vuelta en su forma entera de pensar. Debían salir e identificarse oficialmente, por el bautismo, con el despreciado grupo de los seguidores de Cristo. Nada menos está involucrado en la fe que salva. De nuevo entonces, era porque el bautismo es una prueba rigurosa de la profesión de fe y la “insignia” de haberse convertido que Pedro les dice a sus seguidores que se “arrepientan y sean bautizados”. Además, se debe observar que la frase, “bautizados para el perdón de los pecados” nuevamente tiene que ver con lo que significa el bautismo no lo que en realidad hace. Esto se puede ver por una comparación con Mateo 3:11. El bautismo en el nombre de Cristo “para” el perdón de pecados (Hechos 2:38) no efectúa el perdón de los pecados, así como tampoco el bautismo de Juan en el agua “para” el arrepentimiento (Mateo 3:11) causó el arrepentimiento en los que se bautizaban. Ya se habían arrepentido, o no hubieran ido a Juan para ser bautizados. El bautismo de Juan fue más bien un bautismo que significaba arrepentimiento por parte de los bautizados. El arrepentimiento era lo que su bautismo representaba y con el cual se identificaba específicamente. (Nota: La misma palabra griega “eis” – “para” o “a” – aparece en ambos pasajes.)

REPASO GENERAL
Sería de provecho, aquí, en resumen, señalar que la posición entera del perdón bautismal requiere un concepto erróneo de la naturaleza de la salvación en Cristo. La salvación como está descrita en la Biblia es una cosa gloriosamente razonable. Es decir, que tiene sentido. La unión con Cristo tiene lugar en el ámbito espiritual a través de una revelación espiritual de Cristo al corazón y puede ser conocida por las gracias espirituales evidentes en la vida de un creyente verdadero. Aquellos que creen en el perdón bautismal, sin embargo, deben insistir que una persona que no ha sido todavía inmergido en el agua no es un creyente, no importa lo fuerte que sean las evidencias que Dios ha tomado residencia en su vida. Esto es una perspectiva irracional, supersticiosa, legalista y sacramental de la salvación. Es irracional porque no tiene ningún sentido moral. Es supersticioso porque causa que los hombres crean que de alguna forma, la acción física es necesaria para una unión con Cristo, aunque no entienden por qué es así. Es legalista porque enseña al hombre a obedecer un mandato para recibir paz con Dios. Es sacramental porque da una media-mágica calidad a la ceremonia del bautismo.

Algunos han testificado de tener un sentido de “paz” y que han experimentado una aparente liberación del peso del pecado como resultado de ser bautizados. Hay una excelente razón psicológica para esto. Si se le dice a una persona angustiada “haga ESTO, ESTO y ESTO, y serás salvo” (y él cree verdaderamente en lo que se le dice), entonces cuando hacen lo mandado a hacer, por supuesto experimentará alguna forma de “liberación”. John Bunyan, en El Progreso del Peregrino, habla de eso en el consejo que el Señor Sabio Mundo le da a Cristiano acerca de cómo liberarse de su carga. “Pues, hay una ciudad (la ciudad se llama Moralidad) donde vive un Señor que se llama Legalidad, es un hombre experto en ayudar a los hombres a deshacerse de su carga como la que tienes en tus hombros”. ¡Es mucho más fácil seguir al Sr. Legalidad y “hacer algo” para librarnos de nuestra carga, que esperar que un Dios invisible nos la remueva!

UNA SÚPLICA PERSONAL
Veo ahora, al revisar lo que he escrito, que he hablado muy claramente a veces en mi afán contra la falsa enseñanza del perdón bautismal. Y así debe de ser. Los apóstoles y por supuesto el Señor Jesús mismo condenaron la falsa doctrina de una manera que parece casi “no cristiana” hoy en día y nosotros también somos mandados a “contender ardientemente” por la fe y a “reprender severamente” (Judas 3; Tito 1:13). Nuestro motivo en hacerlo, no obstante, debe ser el amor. Es porque amamos a los hombres que proclamamos con todo nuestro corazón el error que amenaza condenarlos. Contra ti, querido amigo, quien estás atrapado o confuso por esta falsa enseñanza, no tenemos resentimiento o desprecio alguno. Te amo y he escrito esto para tu bendición. Que Dios no permita que este folleto sea usado contra ti por oponentes resentidos que sólo quieren ganar un argumento y a quienes no les importa tu alma.

¿Y cómo está tu alma? ¿Está tu fe en una Persona o en un rito? No importa si dices que no crees en la “salvación por obras”, si todavía mantienes que necesitas hacer algo más que confiar en Cristo para ser salvo. No se necesita estar mucho tiempo con las personas que creen en el perdón bautismal para descubrir que su mensaje no es “CRISTO, CRISTO, CRISTO”, sino “BAUTISMO, BAUTISMO, BAUTISMO”. ¿Es eso tu mensaje? ¿De verdad te glorías solo en Cristo? ¿Ha abierto Dios tus ojos al maravilloso mensaje de salvación por la sangre y la justicia de Jesús? Si es así, ¿renunciarías ahora mismo a tu fe en tu bautismo sabiendo que es algo diabólico y te entregarías completamente a Cristo? ¿Vendrías a Él tal como eres, no trayendo “buenas obras” o supuesta “obediencia” contigo, y te confiarías en Jesús solo para tu salvación? Si lo haces, Él ciertamente te recibirá en Sus brazos todopoderosos y te causará convertirte en “la justicia de Dios en Él”.

“Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación.” Gálatas 6:15

of Lake Road Chapel
Kirksville, Missouri